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Diciembre del 2007
De excursión al Punto G femenino:
descubre cómo encontrarlo,
estimularlo a solas o acompañada...
El Punto G, puerta de paraíso para algunas, un gran desconocido para otras. Todas quieren alcanzarlo, todas quieren gozar una experiencia mística. Nosotras te descubrimos que el Punto G no es una leyenda, ¡existe!, te damos las claves para que lo conozcas.
Alcanzarlo te hace volar hasta el olimpo de los dioses. El orgasmo es de una intensidad tan grande que parece que estés volando. Sin embargo, es un punto desconocido para hombres y mujeres. Encontrarlo es una auténtica aventura que vale la pena experimentar. Adelante, empieza la excursión

El Punto G existe, no es una leyenda
Te desvelamos el secreto mejor guardado. El Punto G es una pequeña zona del área genital de la mujer que se encuentra detrás del hueso púbico y alrededor de la uretra.
Es una zona rugosa que puede tener entre el tamaño de una judía y el de una moneda de un euro.
Cuando se estimula, el punto G aumenta de tamaño y comienza a palpitar quienes lo han experimentado dicen que entra como un deseo de hacer pipí, una sensación que se explica porque al estimularlo se ejerce una presión en la vejiga. Cuando llegues a este punto no te eches atrás, sigue hasta que comiences a tener una sensación realmente muy placentera. No te arrepentirás
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http://cieloazul2.blogspot.com
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Soy heterosexual pero me siento atraída por otras mujeres

Algunas personas se sienten confusas e inquietas porque sabiéndose heterosexuales y reconociéndose como tales, tienen uno o varios sueños o fantasías sexuales de contenido homosexual.
Incluso, en ocasiones, se han sorprendido sintiéndose atraídas e, incluso, sexualmente excitadas, por una persona de su mismo sexo. Eso, a veces, les hace dudar de su orientación sexual.
Suele decirse que el ser humano es bisexual por naturaleza y que sólo los convencionalismos sociales favorecen que terminen orientándose de una manera u otra. Eso no es enteramente así. En realidad, desconocemos las variables que favorecen la orientación heterosexual (la damos tan de por hecho que la consideramos algo natural y espontáneo), y, por lo mismo, no sabemos cuáles son las que hacen que tal orientación resulte homosexual.
En principio conviene saber que el impulso sexual, las tensiones sexuales, las necesidades de satisfacción sexual son inespecíficos e independientes de cualquier objeto. Es decir, se bastan a sí mismos. Existen desde antes que surja la capacidad reproductora (se han observado fetos masculinos y femeninos masturbándose en el seno materno) y se mantienen hasta bastante después de que esta desaparezca (la menopausia). Eso hace posible que a muy temprana edad aparezca la masturbación como forma autónoma de satisfacer esa tensión sexual inespecífica.
Orientación emocional
Si la sexualidad estuviera orientada necesariamente hacia otra persona, la masturbación no aparecería tan pronto, ni tendría razón de ser. Algunas investigaciones refieren que hasta un 50% de las mujeres (y un 13% de los hombres) comienzan a masturbarse antes de los 10 años de edad, cuando aún no pueden reproducirse. Tal inespecificidad permite que seamos capaces de gozar de una actividad sexual practicada por otra persona (masturbación, sexo oral...) con los ojos cerrados, sin saber si es hombre o mujer.
También existe un momento en nuestra infancia en el que nuestros compañeros de juego comienzan a aparecer ante nuestros ojos de otra manera... Empiezan a gustarnos, comienzan a resultarnos atractivos y deseables. Con frecuencia, suelen resultarnos más atractivos los miembros del sexo opuesto (aún no sabemos por qué). En algunas personas, eso les sucede con miembros del propio sexo. Así surge la orientación emocional.
Y he aquí, que gracias a la capacidad fantaseadora que existe desde la infancia, esas imágenes emocionalmente atractivas terminan asociándose al sexo al evocarlas durante la masturbación. Con lo que la orientación emocional deviene también en orientación sexual. Eso hace que desde ese momento prefiramos mantener relaciones sexuales con las personas que nos resultan emocionalmente atractivas, sean del otro sexo o del propio.
No es algo infrecuente: un 36% de las mujeres heterosexuales han tenido relaciones sexuales con otra mujer; algo más de una mujer de cada tres
"Mejores amigas"
Una orientación heterosexual así adquirida no impide tener amistades emocionalmente profundas con miembros del mismo sexo (las tan conocidas "mejores amigas"). Con frecuencia se trata sólo de eso: amistad. Pero en ocasiones, movidas por la curiosidad, por la necesidad de compartir secretos y experiencias, por la necesidad de información directa, por disfrutar de ese hallazgo tan importante para todos que es el sexo, algunas chicas abiertamente heterosexuales comparten y disfrutan de prácticas sexuales con una amiga o una prima, sin que ello tenga trascendencia alguna sobre su orientación sexual.
No es algo infrecuente: un 36% de las mujeres heterosexuales han tenido relaciones sexuales con otra mujer; algo más de una mujer de cada tres. Un 8% de ellas tienen experiencias de este tipo antes de la pubertad, otro 14% las inician desde la pubertad hasta los veinte años, y un 11% comienzan a tenerlas a partir de los 20 años. En el 98% de los casos, tales contactos sexuales consisten básicamente en masturbaciones recíprocas (aunque también puede haber caricias en senos y besos en la boca), mientras que los contactos bucogenitales son practicados por el 18% (entre las lesbianas estas cifras varían: 98% para el sexo oral y 41% para la masturbación recíproca). Más de la mitad de esas mujeres (56%) tienen este tipo de experiencias sólo con una persona, el resto (44%) con varias.
Adoración de la belleza
Son prácticas que forman parte del descubrimiento de la sexualidad y del proceso de maduración psicosocial de las mujeres que nada tiene que ver con su orientación sexual de orígen, ni influyen sobre la misma en el futuro. Pero vivimos en una cultura que adora la belleza (sobre todo femenina). Todos, hombres y mujeres, aprendemos a valorar los encantos del cuerpo femenino desde la infancia. Por eso no puede extrañar que muchas mujeres se sientan estéticamente atraídas por otra mujer. Y no me refiero sólo al cuerpo, también pueden sentirse subyugadas por la personalidad, la forma de actuar, etc., de otras mujeres.
Y esa atracción puede desencadenar un deseo imitativo que hace que esa mujer sea deseada para ser igual a ella. Ese sentimiento puede confundirse con un deseo erótico aunque no lo sea. Y, en ocasiones, puede asociarse también a una fuerte emoción que activa el impulso sexual y lo orienta hacia esa persona en concreto, pese a ser decididamente heterosexual. No tiene nada de extraño, nada de anormal. Y carece de importancia respecto a la orientación heterosexual de quien así se siente atraída por otras mujeres.
Muchos sentimientos no se materializan
Son sentimientos bastante más comunes de lo que se piensa, razón por la que no hay que sentirse extrañas por tenerlos. Y no por frecuentes significa que aboquen ineludiblemente en una relación sexual. Muchos sentimientos de esta naturaleza se quedan ahí y no se materializan. En realidad hasta el 66% de las mujeres (dos de cada tres) han tenido este tipo de sentimientos hacia otra mujer, aunque, como he señalado antes, sólo lo hayan plasmado en relaciones físicas el 36%.
Luego está el mundo transgresor de la fantasía, donde cada cual se permite hacer o percibir sin riesgos lo que nunca haría en la vida real. En la fantasía se planifican robos, asesinatos, aventuras fantásticas, historias rocambolescas... y contactos homosexuales. Se hace así por curiosidad, por morbo... Hasta un 11% de mujeres abiertamente heterosexuales tiene fantasías con contenido homosexual y disfrutan con ellas durante la masturbación, sin que eso signifique que su orientación heterosexual se tambalee.
Y finalmente están las relaciones homosexuales que se inician en situaciones especiales donde están restringidas las posibilidades de tener contacto con personas del otro sexo, como sucede en internados, prisiones, etc. Son conductas que se mantienen mientras se mantiene ese escenario, como vía de escape para las propias necesidades emocionales y sexuales y que desaparecen cuando cesa tal circunstancia. Son experiencias que carecen de mayor significado respecto a la orientación sexual de origen de cada cual.
No hay pues muchas razones para dudar de la orientación heterosexual de una en estas circunstancias. Son muy comunes y responden a necesidades puntuales que tal como vienen se van.
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Una extraña historia de amor virtual
En estos días encontré a mi amiga Elizabeth, desde su separación de Sofía no había tenido oportunidad de sentarme a charlar con ella. Era otra, a pesar de que se esforzaba por mantener su habitual simpatía y alegría, de mantener sus gestos chistosos, cundo era necesario y de l oportuno sarcasmo; sus ojos reflejaban una profunda tristeza.
Mi gran amistad con ella me permitió no "andarme por las ramas" y fui frontal en mi pregunta ¿Todavía te está pegando lo de Sofía? ¡Que va! Fue su inmediata respuesta, y me dijo; ya eso quedo atrás en el pasado, sobre todo cuando me escribió haciendo gala de su nuevo "lock de bisexual. ¿Pero entonces por que esa tristeza interior? ¡Tristeza! Se sorprendió. Le dije: Si tristeza que se te ve en los ojos y t brota a flor de piel, cuéntame quizá eso pueda ayudarte.
Y me relató una larga historía que he intentado sintetizar, que por lo sorprendente y novedoso (por lo menos para mi) he querido compartir hoy con ustedes.
"Resulta que para olvidar esa historia con Sofía me refugié en mis estudios, en escribir y practicar mi afición favorita; mantener correspondencia con amigas; tanto las ya existentes como nuevas que he ido incorporando.
Todo marchaba excelente y mi "auto terapia" estaba funcionando a la perfección hasta que hice una nueva amiga por Internet, Andy. Desde el primer mail algo empezó a cambiar en mí: su forma de conversar, las cosas que me decía, como me iba seduciendo poco a poco. Pero ahí no para todo, cuando recibí su fotografía el impacto fue fenomenal, no era nada fuera de serie, sin embargo su pelo, sus ojos, su rostro pero sobre todo sus labios penetraron en mi ser y me sentí como una quinceañera enamorada por primera vez. Se despertó en mí una pasión desenfrenada, los correos se convirtieron en verdaderos actos sexuales. Me acostaba y la sentía en mi cama, a mi lado, no recuerdo haberme masturbado tanto en toda mi vida.
Estaba consciente que era un amor atípico: por correo, a miles de kilómetros de distancia entre un país y otro. Hablábamos en primera persona sobre "lo que hicimos anoche", era la fantasía elevada a su mayor expresión. Cuando le escribía cosa como "Anoche cuando besaba tu clítoris e introducía mi lengua en tu vagina…" estaba viviendo una realidad virtual. Pero aun así todo marchaba de maravilla, me sentía inmensamente feliz y ella me decía que también lo era.
Pero de pronto Andy entro en una crisis existencial que se tornó en una especie de histeria. Después de tanto tiempo empezó a considerar "que lo estamos haciendo por correo", "la distancia entre las dos", "¿no tienes a otra?, etc. Y me pidió que le diera tiempo para reconsiderar lo nuestro, y hasta el sol de horno me ha escrito mas.
Lo que tengo no es necesariamente tristeza, es una gran amargura y decepción. Hoy no atino a decir que me dolió más: la partida de Sofía o la de Andy. Lo que si tengo bien claro es que me hirió profundamente, no fue paulatinamente como Sofía, fue una especie de puñalada en fracciones de minuto. Tu sabes que no soy rencorosa, pero albergo un profundo sentimiento de rabia y de no se que…. (Sus ojos se aguaron, pero Elizabeth es una mujer valiente y aguerrida, no lloró).
Finalmente me dijo, volviendo a su forma de ser, tan personal, yo se que estarás pensando que "estoy loca de atar" y también que "amor de lejos es amor de pendejos" Pero contra los sentimientos, el deseo, la pasión y el amor es muy difícil luchar.
Realmente no atiné a decir nada, dije cuatro boberías que se me ocurrieron en el momento, por eso es que me anime a escribir este artículo con la intensión de escuchar sus opiniones, ¿Alguien le ha pasado algo parecido?, ¿Es un caso para un Psicólogo? O ¿Qué le hubieran aconsejado?.
Ahí les dejo esta "papa caliente"
¡Por favor denme su comentario ¡
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La idea de este Foro no es dictar normas de lo que tiene que ser el comportamiento de dos mujeres que asumen su sexualidad y han preferido ser lesbianas. Se trata de reflexionar como cada una de nosotras asume su lesbianismo y cual es su percepción de lo que debe ser su actuación.
Deseamos que todas nosotras: miembros, amigas y lectoras nos hagan llegar sus puntos de vista de cómo ven la relación lesbiana, pero que también nos den sus opiniones sobre los otros puntos de vista, es decir abramos un debate.
¡Participa!


¿Qué es para ti ser lesbiana?
Partir de que todas las lesbianas desarrollan su sexualidad de idéntica forma es un error, es creer que todos los seres humanos tenemos un comportamiento sexual homogéneo (como lo han querido imponer los impulsores de la sociedad patriarcal)
La sexualidad entre las parejas heterosexuales pasa por infinidad de gamas, las cuales no vamos a analizar aquí, pues no es el objetivo. De igual forma las relaciones homosexuales masculinas (gay), los bisexuales, etc. (Y coloco el etcétera por que particularmente, respetando la diversidad y el derecho ha hacer con su cuerpo y sus sentimientos cada ser humano, opino que son ociosidades, desvirtualización de la sexualidad y hasta aberraciones en algunos casos)
Pero volviendo al tema de la diversidad, dentro de nuestro mundo lesbico, yo me atrevería a dividirlo primeramente en dos grandes grupos:
1) Las parejas que asumen como una mujer que posee y otra que es poseída (una parodia de la relación heterosexual) y ambas asumen, aceptan y disfrutan sus roles de activa y pasiva. Esta relación es la más proclive a problemas inclusive de violencia entre las parejas.
2) Las parejas que asumen la sexualidad plenamente y ambas se complementan. Asumen su roll de amarse y poseerse mutuamente, en otras palabras, se convierte en una sola. En este grupo milito yo.
Después, y esto es igual para ambos grupos, los podíamos dividir en varios sub. grupo, de los cuales voy a intentar destacar los dos más importantes y generalizados:
a) Las lesbianas que asumen su roll de tener preferencia exclusiva por las mujeres, que se sienten atraídas por otras mujeres y eso activa y estimula su sexualidad. En este sub. grupo no existe no existe ningún tipo de discriminación, se actúa en base de la atracción que ejerce una mujer sobre otras sin importar edad, raza, belleza física o cualquier otra pretensión excluyente.
Nuevamente tomo partido y me siento 100% integrante de este sub. grupo.
b) Las que sienten atracción o deseo solamente por determinado grupo de mujeres:
Las jovencitas, las mujeres mayores, las chicas lindas y bellas, las de la misma
edad, las de determinada nacionalidad, etc.
En definitiva se ejerce una sexualidad selectiva que a veces es mas emotiva y
Erótica que desarrollo pleno de la sexualidad.
En lo particular me coloco en el grupo 2.a por que soy de las que cree que cuando una "nació" al lesbianismo ose dio cuenta de su inclinación sexual, lo hizo por que sintió la atracción por personas del mismo sexo (independientemente que halla sido por una mujer en particular en un principio, pero luego una intuye que es hacia todas las mujeres en general.
En la poca edad que tengo, 23 años, he tenido la oportunidad y la experiencia de observar innumerables mujeres que aun estando conscientes de su preferencia sexual, se debaten en múltiples temores, tabú e inhibiciones, que son resabios de nuestra cultura patriarcal.
Mi hobie es mantener correspondencia con lesbianas para intercambiar experiencias, fantasías, temores, frustraciones, discriminaciones, etc. Y de ello he recogido una rica experiencia que me ha ayudado en lo personal y también para orientar y ayudar, humildemente en mi capacidad, a chicas desorientadas y con temores banales.
He visto casos de lesbianas que tienen 35, 37 y hasta 40 años que sienten miedo, mas bien terror, de reconocer o decirle a una chic de 20 ò 24 años que la aman. Y el caso contrario jovencitas de 21 años que "se ahogan en un vaso de agua" por estar enamoradas de una mujer mayor. ¿Será que lo que veo en ella es una figura maternal? Me dicen, pero en sus relatos me han dicho que tienen sueños eróticos, fantasías y hasta ha llegado a tener orgasmos acariciándose y contemplando su fotografía. ¡Por favor!
En definitiva y para finalizar, desde mi punto de vista el lesbianismo; significa asumir completa y conscientemente nuestra preferencia sexual por otra mujer que provoque en nosotras una atracción física, sexual e inclusive intelectual (compartir los gustos y las preferencias, es parte del amor) y cuando ponemos cortapisas, cuando somos selectivas, estamos reprimiendo nuestra sexualidad.
Creo finalmente que debemos estar conscientes de que el amor más puro y bello del mundo, es amor entre dos mujeres.
Ely
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LA FORMA EN QUE ME AMAS
La forma en que me amas,
Da dicha y esperanza a mis horas largas
Crea un silencio en mi voz
y un manantial de lágrimas contenidas en la garganta.
Cierro mis ojos profundos
que solo han visto dolor
desde el momento que olvide lo que era el amor.
Sentí que sin amar
dejaría de sufrir,
y sola me he encerrado
a no arriesgar y no vivir.
Ahora que estas tan cerca
mis sentimientos se confunden
tengo un huracán en mi alma,
que oprime mi ser y me hunde.
El miedo a volver a empezar,
y la alegría de tenerte
se van mezclando en mi cuerpo
Con saber que Tù me quieres,
La forma en que me Amas,
da dicha y esperanza a mis horas largas
crea un sonido en mi voz
que dice que Te AMO y hace tanto te esperaba.
¡ TE AMO !
Marlen Vega
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¿Cómo se masturban las mujeres?
A las mujeres no hay que enseñarles a masturbarse. Ya lo saben hacer ellas solitas. Este tipo de preguntas (¿cómo se masturban las mujeres?) están formuladas, más bien, para quienes suelen ignorar la trascendencia del clítoris en la vida sexual femenina.
Es verdad que alguna hay que ignore cómo se hace. Pero son una minoría si tenemos en cuenta que se masturban entre el 85% y el 93% del total de las mujeres; o entre el 91% y el 99% de las mujeres orgásmicas (y el 90% de las mujeres lo son).
Antes de nada, quizás conviniera comenzar por lo más obvio. Sólo una ínfima proporción de mujeres (2%) se masturba metiendo cosas en la vagina exclusivamente. Esa clase de estímulo vaginal resulta muy agradable, pero llega un punto en el que ya no da más de sí. Además, apenas un 40% de ese 2% de mujeres que lo hacen de este modo consiguen el orgasmo así
De modo que es muy importante olvidar la imagen que transmiten las películas pornográficas donde las chicas se masturban casi exclusivamente metiéndose cosas en sus vaginas, aunque sean los dedos, simulando un coito¡ Es una descripción falsa!
La inmensa mayoría de las mujeres (98%) se masturban estimulando el clítoris de diversas maneras; a lo que una de cada cuatro (25%) puede añadir, siempre o de vez en cuando, la introducción de algo en la vagina (habitualmente uno o dos dedos, aunque también dildos o consoladores, o un vibrador) para ampliar las sensaciones placenteras. Está demostrado experimentalmente que la distensión ocasionada en la vagina por esos medios incrementa las reacciones del clítoris y amplifica sus sensaciones eróticas.
También hay que olvidar esas grandes agitaciones corporales, con amplios movimientos, gemidos escandalosos, sacudidas convulsas..., y poco movimiento de manos, a las que nos tienen acostumbradas las películas que se proyectan en salas comerciales cuando muestran a alguna chica masturbándose. Porque lo cierto es que ¡sucede justo lo contrario!
Aunque algunas se puedan mover mucho, o lanzar grandes suspiros, la imagen más acertada y frecuente es la de una mujer que gime bajito y permanece quieta o con poco movimiento del cuerpo, mientras apoya el antebrazo en la cadera y con un eficaz juego de muñeca aplica con sus dedos un movimiento de vaivén o circular sobre su clítoris, a ritmo creciente, hasta alcanzar el orgasmo. Orgasmo en el que tampoco se lanzan los gritos o gemidos a los que nos tienen acostumbradas las películas comerciales (el célebre orgasmo representado por Meg Ryan en la película “Cuando Harry encontró a Sally” de Rob Reiner. Los orgasmos suelen expresarse con uno o varios gemidos sordos, roncos y largos.
Existen mujeres que ni siquiera son capaces de resistir el roce del clítoris de ese modo indirecto y prefieren interponer telas (la de la ropa interior habitualmente) para evitar el masaje directo.
Las mujeres no suelen estimular el glande del clítoris directamente porque su roce continuado puede resultar molesto y doloroso. Algunas lo consiguen humedeciéndose los dedos con los fluidos vaginales, con saliva o con geles acuosos. Pero la mayoría suele estimular el glande del clítoris frotándolo con el prepucio interpuesto. Y lo hacen en uno de sus laterales, o por encima. A pesar de ello, también suelen precisas humedecer los dedos regularmente para que la fricción sea suave.
Aproximadamente tres de cada cuatro mujeres (25%) añaden un estímulo adicional a sus pezones.
Aunque existen varias formas de estimular el clítoris a la hora de masturbarse, las mujeres suelen ser bastante rutinarias, en contra de lo que afirman algunos mitos. El 71% se mantiene fiel a “su” método durante toda la vida, y el resto experimenta variaciones, si bien suelen tener una forma principal de hacerlo.
La inmensa mayoría de las mujeres (73%) se masturban tendidas boca arriba y con las piernas abiertas. También pueden hacerlo en la bañera, incluso sentadas en el bidet o el excusado, pero con las piernas abiertas. Un número más reducido de ellas prefieren hacerlo tumbadas boca abajo (10%), ya sea con las piernas abiertas o con ellas cerradas.
La razón de estas preferencias aún no se ha esclarecido. Quizás probaron una postura durante la infancia y como les sirvió insisten en ella. Otras lo hacen de pie. Ya sea bajo la ducha, o frente al espejo (a un 9% de mujeres les gusta añadir el estímulo de verse en acción delante del espejo).
Otras formas minoritarias de masturbarse
Un 3% de mujeres que son capaces de estimular su clítoris simplemente contrayendo los muslos. Eso les permite hacerlo en cualquier lugar (incluso público) y en cualquier postura (acostada, sentada, de pie). Un 2% lo hacen exclusivamente con el chorro de la ducha. Y otro 2% lo hace con estímulos exclusivamente mentales (sin manos); son mujeres particularmente obsesivas que consiguen imágenes muy vívidas con sus fantasías y pueden estimularse con ellas.
Hay un 11% de mujeres que tiende a utilizar varios métodos de estimulación. A pesar de ello, en el 85% de los casos tienen como procedimiento básico, la masturbación manual del clítoris, tendidas boca arriba y con las piernas abiertas.
Y si son tan pocas las mujeres que se masturban introduciendo algo en la vagina (2%), la historia de la chica que acude al servicio de urgencias de un hospital con una botella atorada en la vagina al crearse un vacío que impide su salida no es más que una leyenda urbana. Aunque es cierto que se da algún caso, no son tantos como la gente se cree. Todo el mundo parece haber oído a alguien que conoció a una chica que... Pero no es posible; simple estadística.
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¡Las mujeres también tienen uno! El Clítoris
Bueno amigos, esta puede ser un área en donde debemos admitir que las mujeres nos han derrotado. Ellas tienen un órgano dedicado solamente al placer, y nada más. Sí, el clítoris. ¿Y sabemos acaso cómo se ve? Bueno, no todos sabemos, seguro. Si quiere comprobarlo, visite Feminine Images (Imágenes Femeninas), un sitio web con muchas imágenes del clítoris, la vulva y los labios.
Usted puede saber que los bebés varones y mujeres comienzan idénticos, y que el pene proviene del mismo tejido en el feto que el clítoris - en realidad, es la presencia de testosterona en el bebé varón la que causa que este tejido se desarrolle en un pene. Pero imagínese, toda la sensibilidad de su pene, concentrado en algo del tamaño de su clítoris.
¡Wow! Imagínelo. Nada que hacer sino producir orgasmos y hacer sentir bien a la mujer. No se sorprenda de que se quejen cuando lo ignoramos. Y se quejan, porque todos los estudios muestran lo mismo - la mayoría de las mujeres necesitan estimulación directa del clítoris para lograr el orgasmo. Y empero, ¿obtienen lo que desean de nosotros? Pareciera que no, porque en el estudio de la sensibilidad sexual de la mujer de Shere Hite, la mayor queja que tienen las mujeres es de la incapacidad del hombre para tomarse el tiempo y la molestia en averiguar cómo quisieran ser estimuladas. Ahora, yo no soy un experto. Pero usted quiere saber más, ¿correcto? Usted quiere saber cómo encontrarlo, estimularlo, hacerle cosquillas, y preparar a su chica para disfrutarlo. Ella lo adorará por eso, y si se toma el tiempo para preguntarle qué es lo que quiere, ella todavía podría estar queriendo darle una demostración de cómo llegar mejor al de ella. Ahora, hay un pensamiento. Puesto que no soy un experto, le sugiero visitar el sitio web The-Clitoris.com -tiene versión en español- un sitio destacado dedicado a, bueno, el clítoris, realmente (vea el enlace debajo.)
Usted podría pasarse la vida buscando y no encontrar nunca más información, bellamente presentada, sobre todos los aspectos de la sexualidad de la mujer. Hay imágenes claramente detalladas de los lugares sexuales de la mujer, incluyendo suficiente información sobre el clítoris para satisfacer su incesante búsqueda de mayor conocimiento, comprensión y conciencia sexual. Hay mucha información sobre modos de estimular su clítoris, técnicas sexuales que incluyen el cunnilingus y la mejor manera de tocarla, posiciones sexuales, hacer el amor, orgasmo y eyaculación femenina (vaya y eche un vistazo si no sabe lo que es esto; si lo sabe, bueno, usted ya está compartiendo la excitación, y no necesitará mi estímulo para aumentar su conocimiento.) Para la mujer que sea tímida, necesita saber cómo masturbarse, lograr mayor sensibilidad sexual, o darse placer a sí misma sin un hombre, ya sea heterosexual u homosexual, el sitio es soberbio. Vaya, no se arrepentirá. Debbie se merece nuestro agradecimiento por un sitio web tan informativo - The clitoris.com, usted puede llegar allí yendo a los enlaces de la tabla más abajo en esta página.
Para los varones heterosexuales, que tanto se jactan de su pene, que sienten un enorme miembro que además de colaborar en la labor reproductiva es un instrumento para dar placer y para recibirlo es bueno que repacen que es el Clítoris un miembro muy pequeño pero cien veces mas poderoso que el pene, ¿Por qué? Aquí va la explicación:
Como todas sabemos, los bebés (varones y hembras) comienzan idénticos, pues el pene proviene del mismo tejido en el feto que el clítoris, en realidad, es la presencia de testosterona en el bebé varón la que causa que este tejido se desarrolle en un pene. Pero imagínese, toda la sensibilidad de su pene, concentrado en algo del tamaño de su clítoris.
¡Imagínalo¡. Nada que hacer sino producir orgasmos y hacer sentir bien a la mujer. Por esa razón es que debemos saber su potencialidad para darnos pleno placer y darle el placer y la felicidad infinita a nuestra pareja. nosotras debemos saber cómo encontrarlo, estimularlo, hacerle cosquillas, y preparar a su chica para disfrutarla.
No podemos quedarnos en una simple manipulación con el fin estimular un pasajero placer, debemos investigar todos los aspectos de la sexualidad de la mujer, recabar información sobre modos de estimular su clítoris, técnicas sexuales que incluyen el cunnilingus y la mejor manera de tocarla, posiciones sexuales, hacer el amor, orgasmo y eyaculación femenina. La mujer que sea tímida, o la recien iniciada, necesita saber cómo masturbarse, lograr mayor sensibilidad sexual, o darse placer a sí misma y a su pareja, dejar los temores y reconocer en el clítoris una fuente increíble de placer.
Es importante comprender que no hay una manera "correcta" o "apropiada" para masturbarse. Algunas mujeres sienten que deberían poder masturbarse hasta el orgasmo usando un método más correcto o diferente porque han escuchado que otras mujeres lo hacen de esa manera. Es importante tener presente que la anatomía de cada mujer es ligeramente diferente y que su maquillaje psicológico es muy distinto. Esto trae como resultado que cada mujer se masturbe de una forma diferente, aún usando la misma técnica básica. Es maravilloso poder masturbarse plácidamente, dejando siempre rienda suelta a la imaginación. Se ha llegado a decir que podemos llegar a tener orgasmos mucho más intensos que con la penetración.
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ME GUSTA
Me gusta cuándo tus labios rozan mi felicidad
y mis caricias llegan a tu amor,
cuando el cielo se refleja en tu mirada
y me acunas en tu regazo de placer....
Me gusta cuando me amas
y yo te entrego mi corazón
Ven, ven solo un minuto,
ven con tu ilusión de niña adolescente
y tu amor de ternura
incrustada en tu belleza.
Ven que quiero decirte
que Te AMO..
ven que te daré mi AMOR
ANOCHE DORMÍA
Anoche dormía,
soñaba que tu eras mi cielo,
plegado de estrellas y cometas,
plegado de mil luces que formaban
un millar de reflejos en tus ojos.
Soñaba que Tú eras eterna, te soñaba
suave, libre, ardiente.
Anoche dormía y con ello soñaba,
anoche dormía y sentía en mi pecho
tu cara, tus pechos y tus manos,
tu cuerpo, tus sentimientos,
tu ser, lleno de exquisitos misterios.
Anoche quise sentir tu roce en mi piel,
anoche eras una luz que iluminaba mi silencio.
Eras Tú, era yo, eramos las dos, eramos nosotras,
tu y yo, una sola, por un momento infinito,
fui tuya, fuiste mía, fuimos una sola..
Tu piel era mi piel, tu sudor confundido con el mio,
tu pelo enredada en mis manos, nuestros cuerpos
enredados en una sola y silenciosa forma, bella,
llena de matices, plegada de mil luces y colores.
Anoche, creí dormir, profundamente dormida,
creí que solo eras una fantasía, creí morir.
Anoche, tu mi cielo, llenaste de alegría mi vida,
eras tú, éramos nosotras, eramos un cielo
una vez mas y para siempre,
plegado de estrellas y cometas.
¡¡¡ TE AMO ERES MI VIDA !!!
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Lesbianismo y vejez: una combinación no demasiado mala
Por Beatriz Gimeno Presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales
Vivimos en una época que ha convertido la vejez en una palabra sucia. La gente gasta mucho dinero, esfuerzo, tiempo, salud, en parecer más joven de lo que es realmente. Operaciones, cosméticos, tratamientos muy costosos y dolorosos en una loca carrera para huir de algo que, indefectiblemente, nos terminará alcanzando. El mito de la juventud se ha instalado definitivamente entre los gays, quienes han creado y sostienen una subcultura en la que se rinde culto a la juventud y en la que se desprecia y se denosta, hasta límites increibles, a los ancianos. He escrito recientemente un artículo referido a la discriminación que los gays ancianos padecen, tanto entre la propia comunidad gay como en la sociedad heterosexual en general; en este artículo hacía referencia a los estudios y a los artículos que se han escrito sobre el tema de la vejez entre los gays en los últimos años. Sin embargo, como siempre, hay muy pocos estudios relativos a la vejez de las lesbianas.
Lo poco que se sabe sobre este tema parece sugerir que, llegadas a la vejez y paradojicamente, las lesbianas pueden vivir una vida en la que disfruten, en algunos aspectos, de una mayor calidad de vida con respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, aunque también señalan la existencia de discriminaciones específicas que hay que conocer y combatir. El problema de la vejez afecta especialmente a las mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Al ocupar en esta cultura todavía un lugar eminentemente sexual y reproductor, las mujeres, a lo largo de la historia, sufren de una aun mayor desvalorización en el momento de la menopausia cuando su papel como reproductoras desaparece y su papel sexual, de una manera simbólica también. No son pocas las mujeres heterosexuales que han relatado que llega una edad en la que sienten que se vuelven "invisibles". En la cultura occidental patriarcal "las brujas" son las ancianas sabias, aquellas que, lejos ya de los imperativos biológicos, se atreven a desafiar los mandatos de su género adquiriendo y transmitiendo conocimientos. Puestas en el lugar al que se dirige la mirada masculina, las mujeres que dependen de esa mirada son las que se sienten "invisibles" y son las que se agrandan y achican los pechos, las que se estiran las arrugas, se quitan la celulitis y las que se angustian cuando esa mirada, que las ha acompañado a lo largo de su vida, valorizándolas, desaparece. En relación a la edad, a la vejez, y con la ventaja anteriormente mencionada sobre las mujeres heterosexuales, las lesbianas se encuentran, como hemos dicho, en una situación un tanto paradójica.
Como lesbianas comparten con los gays todas las discriminaciones que una sociedad homófoba ejerce sobre las personas con una orientación sexual distinta a la de la mayoría: La pobreza, la falta de recursos, la invisibilidad, la discriminación en las instituciones, el heterosexismo dominante, se ceban en los viejos y de éstos siempre en los más débiles, en los más vulnerables, en este caso en aquellos con una orientación sexual homosexual. Pero más vulnerables que los varones más débiles son siempre las mujeres que, aun compartiendo con los ancianos gays muchos o todos de los problemas mencionados, sufrirán, además, una discriminación añadida a su orientación sexual por el hecho de ser mujeres. La pobreza, por ejemplo, que es uno de los problemas más acuciantes para todos los ancianos afecta en proporción mucho mayor a las mujeres que a los hombres, y entre aquellas también a las lesbianas. Los problemas de salud son una de las mayores preocupaciones de las personas mayores en todas las sociedades. Unos servicios de salud no preparados para asumir la homosexualidad de sus clientes pueden provocar la desconfianza de éstos y, debido a este problema, tratamientos erróneos o ineficaces o incluso desprotección frente a las enfermedades.
En su vejez, las lesbianas pueden estar necesitadas de atención sanitaria en mayor aun medida que los gays. Si durante toda su vida las mujeres tienen que prestar una atención especial a las enfermedades relacionadas con la ginecología, en la ancianidad esta necesidad es aun mayor. Pero al estar la medicina ginecológica relacionada con la vida sexual y reproductiva de las mujeres, es un sector de la medicina que está especialmente afectado por los prejuicios y por el sesgo patriarcal que todavía rige todo lo que se refiere a la sexualidad femenina. Así, si la presunción de heterosexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida de las lesbianas, aun más enraízada lo está medicina ginecológica que en España continúa indefectiblemente identificando sexualidad con sexualidad heterosexual y aun ésta con penetración. Cuando los ginecólogos preguntan a una paciente si mantiene relaciones sexuales, lo que la están preguntando es si es penetrada habitualmente, pregunta esta que confunde y enmudece a muchas lesbianas. La presunción de heterosexualidad es un factor decisivo en la incomodidad que las mujeres lesbianas declaran sentir ante el ginecólogo que, además, realiza las exploraciones sin ningún cuidado ni delicadeza.
Las lesbianas han declarado en todos las encuestas que se han hecho (en EE.UU por supuesto) que se sienten maltratadas y muchas veces humilladas por los ginecólogos, en quienes no pueden confiar para contarles sus problemas de salud. Esta reticiencia para acudir al especialista es lo que ha convertido el lesbianismo en un factor de riesgo frente a determinadas enfermedades de origen ginecológico, como el cáncer de mama o de cuello de útero, o de ovarios. Esa es la razón principal, hay otras de menor importancia, de que las lesbianas sufran estas enfermedades en mucha mayor medida que las mujeres heterosexuales y de que éstas no sean adecuadamente prevenidas ni combatidas. Las pautas claramente patriarcales y heterosexistas que imperan en la medicina tienen la culpa. Lo dicho hasta ahora es la cara negativa de la vejez de las lesbianas, pero no es la única cara. Según los escasos estudios publicados sobre el tema, las lesbianas viven su vejez en mejores condiciones que los gays y, casi siempre en mejores condiciones también que las mujeres heterosexuales a quienes sus matrimonios impidieron crear o conservar fuertes vínculos con otras mujeres. Respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, las lesbianas tienen la enorme ventaja de que la cultura femenina no ha instaurado la juventud ni la belleza física como valor supremo por el que regirse en sus relaciones con los demás; las mujeres no están socializadas para primar esos factores sobre otros a la hora de buscar pareja o de enamorarse.
No es que las lesbianas no quieran ser también valorizadas y apreciadas por una mirada de deseo; es sólo que la mirada que las lesbianas desean sobre sí, la mirada de otra mujer, será como la mirada que las mujeres heterosexuales dedican a los hombres a los que desean y a los que aman, una mirada que valorará otros aspectos de la personalidad que no los puramente físicos. Las lesbianas, al fin y al cabo, han sido socializadas como todas las mujeres y como ellas aprendemos a mirar y a desear. Esto hace que las mujeres lesbianas puedan enamorarse, encontrar pareja y ser deseadas por otras mujeres hasta edades en las que los gays hace tiempo que dejaron de contar. No es infrecuente que en los grupos de lesbianas existan parejas formadas por mujeres mayores que conviven con mujeres mucho más jóvenes y la discriminación por edad no se produce apenas, al menos no por el momento, en los grupos de lesbianas, donde conviven sin demasiados problemas mujeres de todas las edades. No es infrecuente tampoco que mujeres que pertenecen a diferentes grupos generacionales establezcan fuertes, estrechos y duraderos vínculos de amistad. Amistades femeninas que incluyen el cuidado, la intimidad y la cercanía emocional, lo que, indudablemente, es un factor muy positivo en un momento de la vida en el que está sociedad volcada a la juventud abandona a sus mayores en la soledad y el desamparo.
Las lesbianas no se sienten solas tan a menudo y disponen de más recursos que los gays para vivir esos años. Además, no hay que olvidar que las mujeres viven más que los hombres, por lo que las lesbianas pueden vivir con su pareja y con sus amigas de siempre hasta edades muy avanzadas, hasta edades en las que las mujeres heterosexuales se han quedado viudas y los gays han perdido a su pareja y a sus pares de edad. Por otra parte, la famosa invisibilidad de las lesbianas, que persigue y acompaña a las lesbianas durante toda su vida, puede llegar a convertirse en el factor que permita que dos mujeres vivan juntas en su casa o en una residencia, o que se visiten unas a otras, o que duerman unas en casa de las otras, o que viajen juntas, sin ser por eso sometidas a presión de ningún tipo, y eso en un momento de la vida en que se es especialmente vulnerable a la presión del entorno. Otro factor que incide favorablemente en la calidad de vida de las lesbianas ancianas es que, a lo largo de su vida, las lesbianas, como las mujeres en general, han protegido y cuidado sus vínculos familiares en mayor medida que los gays y en mayor medida también que los hombres heterosexuales, por lo que la soledad y el aislamiento no les afecta de la misma manera. En los últimos años, además, muchas lesbianas están teniendo o adoptando hijos con los que mantendrán relaciones muy cercanas que se mantendrán fuertes en esos años. Todo lo dicho no obsta para que, en los años que vienen no tengamos las personas que trabajamos en contra de la discriminación y de la marginación a que esta sociedad somete a lesbianas y gays, que ocuparnos de la calidad de vida de las lesbianas ancianas, de las nuevas discriminaciones y de las antiguas, de sus necesidades, de sus deseos, de valorar sus vidas, transcurridas en una época en la que ser lesbiana y vivir como tal era algo muy diferente de que lo es ahora; tendremos que escucharlas para que nos enseñen lo que saben, aprender de ellas, mirarnos en ellas, para poder finalmente llegar a ser como ellas. Las lesbianas tendremos que resistirnos a dejarnos llevar por la marea de una sociedad y de una cultura que desprecia e ignora a sus mayores, simplemente porque ese trato es injusto, pero sobre todo porque es suicida: viejas vamos a ser todas.
Lo poco que se sabe sobre este tema parece sugerir que, llegadas a la vejez y paradojicamente, las lesbianas pueden vivir una vida en la que disfruten, en algunos aspectos, de una mayor calidad de vida con respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, aunque también señalan la existencia de discriminaciones específicas que hay que conocer y combatir. El problema de la vejez afecta especialmente a las mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Al ocupar en esta cultura todavía un lugar eminentemente sexual y reproductor, las mujeres, a lo largo de la historia, sufren de una aun mayor desvalorización en el momento de la menopausia cuando su papel como reproductoras desaparece y su papel sexual, de una manera simbólica también. No son pocas las mujeres heterosexuales que han relatado que llega una edad en la que sienten que se vuelven "invisibles". En la cultura occidental patriarcal "las brujas" son las ancianas sabias, aquellas que, lejos ya de los imperativos biológicos, se atreven a desafiar los mandatos de su género adquiriendo y transmitiendo conocimientos. Puestas en el lugar al que se dirige la mirada masculina, las mujeres que dependen de esa mirada son las que se sienten "invisibles" y son las que se agrandan y achican los pechos, las que se estiran las arrugas, se quitan la celulitis y las que se angustian cuando esa mirada, que las ha acompañado a lo largo de su vida, valorizándolas, desaparece. En relación a la edad, a la vejez, y con la ventaja anteriormente mencionada sobre las mujeres heterosexuales, las lesbianas se encuentran, como hemos dicho, en una situación un tanto paradójica.
Como lesbianas comparten con los gays todas las discriminaciones que una sociedad homófoba ejerce sobre las personas con una orientación sexual distinta a la de la mayoría: La pobreza, la falta de recursos, la invisibilidad, la discriminación en las instituciones, el heterosexismo dominante, se ceban en los viejos y de éstos siempre en los más débiles, en los más vulnerables, en este caso en aquellos con una orientación sexual homosexual. Pero más vulnerables que los varones más débiles son siempre las mujeres que, aun compartiendo con los ancianos gays muchos o todos de los problemas mencionados, sufrirán, además, una discriminación añadida a su orientación sexual por el hecho de ser mujeres. La pobreza, por ejemplo, que es uno de los problemas más acuciantes para todos los ancianos afecta en proporción mucho mayor a las mujeres que a los hombres, y entre aquellas también a las lesbianas. Los problemas de salud son una de las mayores preocupaciones de las personas mayores en todas las sociedades. Unos servicios de salud no preparados para asumir la homosexualidad de sus clientes pueden provocar la desconfianza de éstos y, debido a este problema, tratamientos erróneos o ineficaces o incluso desprotección frente a las enfermedades.
En su vejez, las lesbianas pueden estar necesitadas de atención sanitaria en mayor aun medida que los gays. Si durante toda su vida las mujeres tienen que prestar una atención especial a las enfermedades relacionadas con la ginecología, en la ancianidad esta necesidad es aun mayor. Pero al estar la medicina ginecológica relacionada con la vida sexual y reproductiva de las mujeres, es un sector de la medicina que está especialmente afectado por los prejuicios y por el sesgo patriarcal que todavía rige todo lo que se refiere a la sexualidad femenina. Así, si la presunción de heterosexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida de las lesbianas, aun más enraízada lo está medicina ginecológica que en España continúa indefectiblemente identificando sexualidad con sexualidad heterosexual y aun ésta con penetración. Cuando los ginecólogos preguntan a una paciente si mantiene relaciones sexuales, lo que la están preguntando es si es penetrada habitualmente, pregunta esta que confunde y enmudece a muchas lesbianas. La presunción de heterosexualidad es un factor decisivo en la incomodidad que las mujeres lesbianas declaran sentir ante el ginecólogo que, además, realiza las exploraciones sin ningún cuidado ni delicadeza.
Las lesbianas han declarado en todos las encuestas que se han hecho (en EE.UU por supuesto) que se sienten maltratadas y muchas veces humilladas por los ginecólogos, en quienes no pueden confiar para contarles sus problemas de salud. Esta reticiencia para acudir al especialista es lo que ha convertido el lesbianismo en un factor de riesgo frente a determinadas enfermedades de origen ginecológico, como el cáncer de mama o de cuello de útero, o de ovarios. Esa es la razón principal, hay otras de menor importancia, de que las lesbianas sufran estas enfermedades en mucha mayor medida que las mujeres heterosexuales y de que éstas no sean adecuadamente prevenidas ni combatidas. Las pautas claramente patriarcales y heterosexistas que imperan en la medicina tienen la culpa. Lo dicho hasta ahora es la cara negativa de la vejez de las lesbianas, pero no es la única cara. Según los escasos estudios publicados sobre el tema, las lesbianas viven su vejez en mejores condiciones que los gays y, casi siempre en mejores condiciones también que las mujeres heterosexuales a quienes sus matrimonios impidieron crear o conservar fuertes vínculos con otras mujeres. Respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, las lesbianas tienen la enorme ventaja de que la cultura femenina no ha instaurado la juventud ni la belleza física como valor supremo por el que regirse en sus relaciones con los demás; las mujeres no están socializadas para primar esos factores sobre otros a la hora de buscar pareja o de enamorarse.
No es que las lesbianas no quieran ser también valorizadas y apreciadas por una mirada de deseo; es sólo que la mirada que las lesbianas desean sobre sí, la mirada de otra mujer, será como la mirada que las mujeres heterosexuales dedican a los hombres a los que desean y a los que aman, una mirada que valorará otros aspectos de la personalidad que no los puramente físicos. Las lesbianas, al fin y al cabo, han sido socializadas como todas las mujeres y como ellas aprendemos a mirar y a desear. Esto hace que las mujeres lesbianas puedan enamorarse, encontrar pareja y ser deseadas por otras mujeres hasta edades en las que los gays hace tiempo que dejaron de contar. No es infrecuente que en los grupos de lesbianas existan parejas formadas por mujeres mayores que conviven con mujeres mucho más jóvenes y la discriminación por edad no se produce apenas, al menos no por el momento, en los grupos de lesbianas, donde conviven sin demasiados problemas mujeres de todas las edades. No es infrecuente tampoco que mujeres que pertenecen a diferentes grupos generacionales establezcan fuertes, estrechos y duraderos vínculos de amistad. Amistades femeninas que incluyen el cuidado, la intimidad y la cercanía emocional, lo que, indudablemente, es un factor muy positivo en un momento de la vida en el que está sociedad volcada a la juventud abandona a sus mayores en la soledad y el desamparo.
Las lesbianas no se sienten solas tan a menudo y disponen de más recursos que los gays para vivir esos años. Además, no hay que olvidar que las mujeres viven más que los hombres, por lo que las lesbianas pueden vivir con su pareja y con sus amigas de siempre hasta edades muy avanzadas, hasta edades en las que las mujeres heterosexuales se han quedado viudas y los gays han perdido a su pareja y a sus pares de edad. Por otra parte, la famosa invisibilidad de las lesbianas, que persigue y acompaña a las lesbianas durante toda su vida, puede llegar a convertirse en el factor que permita que dos mujeres vivan juntas en su casa o en una residencia, o que se visiten unas a otras, o que duerman unas en casa de las otras, o que viajen juntas, sin ser por eso sometidas a presión de ningún tipo, y eso en un momento de la vida en que se es especialmente vulnerable a la presión del entorno. Otro factor que incide favorablemente en la calidad de vida de las lesbianas ancianas es que, a lo largo de su vida, las lesbianas, como las mujeres en general, han protegido y cuidado sus vínculos familiares en mayor medida que los gays y en mayor medida también que los hombres heterosexuales, por lo que la soledad y el aislamiento no les afecta de la misma manera. En los últimos años, además, muchas lesbianas están teniendo o adoptando hijos con los que mantendrán relaciones muy cercanas que se mantendrán fuertes en esos años. Todo lo dicho no obsta para que, en los años que vienen no tengamos las personas que trabajamos en contra de la discriminación y de la marginación a que esta sociedad somete a lesbianas y gays, que ocuparnos de la calidad de vida de las lesbianas ancianas, de las nuevas discriminaciones y de las antiguas, de sus necesidades, de sus deseos, de valorar sus vidas, transcurridas en una época en la que ser lesbiana y vivir como tal era algo muy diferente de que lo es ahora; tendremos que escucharlas para que nos enseñen lo que saben, aprender de ellas, mirarnos en ellas, para poder finalmente llegar a ser como ellas. Las lesbianas tendremos que resistirnos a dejarnos llevar por la marea de una sociedad y de una cultura que desprecia e ignora a sus mayores, simplemente porque ese trato es injusto, pero sobre todo porque es suicida: viejas vamos a ser todas.
Lo poco que se sabe sobre este tema parece sugerir que, llegadas a la vejez y paradojicamente, las lesbianas pueden vivir una vida en la que disfruten, en algunos aspectos, de una mayor calidad de vida con respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, aunque también señalan la existencia de discriminaciones específicas que hay que conocer y combatir. El problema de la vejez afecta especialmente a las mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Al ocupar en esta cultura todavía un lugar eminentemente sexual y reproductor, las mujeres, a lo largo de la historia, sufren de una aun mayor desvalorización en el momento de la menopausia cuando su papel como reproductoras desaparece y su papel sexual, de una manera simbólica también. No son pocas las mujeres heterosexuales que han relatado que llega una edad en la que sienten que se vuelven "invisibles". En la cultura occidental patriarcal "las brujas" son las ancianas sabias, aquellas que, lejos ya de los imperativos biológicos, se atreven a desafiar los mandatos de su género adquiriendo y transmitiendo conocimientos. Puestas en el lugar al que se dirige la mirada masculina, las mujeres que dependen de esa mirada son las que se sienten "invisibles" y son las que se agrandan y achican los pechos, las que se estiran las arrugas, se quitan la celulitis y las que se angustian cuando esa mirada, que las ha acompañado a lo largo de su vida, valorizándolas, desaparece. En relación a la edad, a la vejez, y con la ventaja anteriormente mencionada sobre las mujeres heterosexuales, las lesbianas se encuentran, como hemos dicho, en una situación un tanto paradójica.
Como lesbianas comparten con los gays todas las discriminaciones que una sociedad homófoba ejerce sobre las personas con una orientación sexual distinta a la de la mayoría: La pobreza, la falta de recursos, la invisibilidad, la discriminación en las instituciones, el heterosexismo dominante, se ceban en los viejos y de éstos siempre en los más débiles, en los más vulnerables, en este caso en aquellos con una orientación sexual homosexual. Pero más vulnerables que los varones más débiles son siempre las mujeres que, aun co |
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