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Salud e Higiene
INTRODUCCIÓN:
Os proponemos como introducción la realización de un ejercicio:
Þ Escribe los nombres de cinco gays conocidos: ............ ............. .............. ............
Þ Escribe, ahora, los nombres de cinco lesbianas conocidas: ........... ............ ..............
Posiblemente no tengas dificultad en nombrar a cinco hombres homosexuales conocidos, pero si a la hora de mencionar a cinco mujeres lesbianas conocidas de las que se sepa con certeza que lo son.
En los últimos años la visibilidad gay se ha disparado; artistas, políticos, escritores, profesores y hasta algún militar han hecho pública su condición de homosexual. Los hombres gay existen y cada vez son más numerosas sus apariciones en el contexto público. En contrapartida, ¿qué pasa con las mujeres lesbianas? ¿Por qué se les ve y se habla menos de ellas?
Este cuaderno divulgativo trata de la invisibilidad de la mujer lesbiana en nuestra sociedad: ¿qué es eso de la invisibilidad?, ¿por qué persiste?, ¿que obstáculos plantea a la mujer lesbiana que quiere vivir como tal?,... esperamos que te resulte de interés.
LA INVISIBILIDAD LESBIANA
Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la mujer lesbiana es el de su no existencia como tal. El ocultamiento y la no existencia son pautas que han marcado el
mundo homoerótico femenino a lo largo de la historia
Hasta donde somos capaces de entrar en la historia, ésta revela que ha existido un espeso silencio en torno al lesbianismo: es complicado y difícil encontrar datos y casos historiados sobre relaciones amorosas entre mujeres.
Históricamente costó mucho admitir que las mujeres pudieran sentirse realmente atraídas por otras mujeres. Lo normal era considerar que nada en una mujer podría despertar los deseos sexuales de otra. Y así, tanto en el derecho, como en la medicina y en la opinión pública en general se ignoraron las relaciones sexuales entre mujeres, algo que no ocurrió con las relaciones sexuales entre hombres. Por citar un ejemplo: Entre los cientos de casos de homosexualidad juzgados por tribunales laicos y eclesiásticos en la Edad media y en la Modernidad no se encuentran casi ninguno concerniente a relaciones sexuales entre mujeres
Como cuentan algunas historiadoras, no deja de ser curioso que se borrara de la conciencia colectiva un aspecto significativo de la sexualidad femenina. Entienden que no fue una cuestión de ignorancia, de falta de conocimiento de la existencia de mujeres lesbianas, sino que se trató, sobre todo, de una cuestión a la que no se quería dar crédito ¿Qué es lo que ha ocurrido para que históricamente la sociedad occidental haya construido una barrera impenetrable alrededor del lesbianismo'
Para contestar a esta cuestión hay que hacer referencia a una serie de concepciones acerca de la mujer como tal, la sexualidad en su conjunto y la femenina en particular, que han impedido que durante siglos se hable o se debata abiertamente sobre lesbianismo.
¿A qué ideas nos referimos?:
1. La mujer es de naturaleza inferior al hombre: hoy día puede que este pensamiento no se exprese de manera tan cruda, pero eso no quita el que haya provocado estructuras sociales y mentales que relegan a la mujer a un segundo plano respecto al hombre ó que consideran que lo femenino no tiene la trascendencia de lo masculino. Así, lo que ocurre entre las mujeres o en su mundo tiene menos importancia y no se concibe como algo serio. En consecuencia el lesbianismo ha carecido del reconocimiento que ha tenido la homosexualidad masculina. En las raras ocasiones en las que el lesbianismo se nombra en la historia de occidente, era considerado como un aprendijaze, una emulación de la sexualidad masculina, una frivolidad de jóvenes viudas y su práctica se consideraba un acto menos corrupto o grave que los actos homosexuales masculinos por lo que también estaba menos penalizado
2. La sexualidad debe seguir un modelo heterosexual, imponiéndose que sólo es normal que un chico esté con una chica y viceversa. Otras combinaciones como chica con chica ó chico con chico serán vistas como anormales.
3. La sexualidad gira en torno al hombre (androcentrismo), el único con derecho a la búsqueda del placer. La capacidad sexual autónoma de la mujer está tan constantemente puesta en entredicho que llega incluso a ser negada. La sexualidad femenina giraría alrededor de la del hombre lo que hace casi impensable la existencia del lesbianismo, ¿cómo una mujer puede sentirse atraída por otra?
4. El pene es lo importante. La famosa frase "¿qué hacen dos lesbianas juntas?" aparte de transmitir un claro prejuicio, resume a la perfección el pensamiento de muchos: si la relación entre dos mujeres carece de lo importante (el pene) entonces el lesbianismo no es una sexualidad completa; será como mucho el prolegómeno de algo hasta que lo importante aparezca. En menor medida que hace algunos años, todavía hoy estas ideas se combinan para relegar al lesbianismo a la invisibilidad. En la medida en que socialmente no se ha roto con la idea de la sexualidad heterosexual y androcéntrica, las mujeres lesbianas cuando buscan referentes, modelos, todavía se tienen que enfrentar a una imagen excesivamente masculina de la homosexualidad.
El lesbianismo es menos conocido, menos estudiado y se le sigue dando menos importancia que a la homosexualidad masculina Este hecho lleva en muchos casos a pensar que es más fácil ser lesbiana que gay, porque de alguna manera lo que no se conoce no existe y pasa más desapercibido, sin embargo por esto mismo muchas lesbianas se ven empujadas a hacer de su orientación sexual una práctica más oculta, a
vivirlo en secreto o de forma más privada que los gays.
En páginas siguientes abordamos tres facetas de la realidad lesbiana que se ven muy afectadas por la invisibilidad que rodea al lesbianismo: La autoestima, la maternidad y la ancianidad:
"Mamá-dos" es invisible
María era ya mayor cuando sus padres se divorciaron y su madre inició una relación homosexual. No fue fácil pero un día en un grupo de estudio en el instituto María dijo: "Soy una adolescente, me encanta jugar al fútbol y mi madre es lesbiana". Al finalizar la clase, otra chica se le acercó y le preguntó: "¿De verdad que tu madre es lesbiana? Mis madres son lesbianas y nunca se lo había contado a nadie".
Las lesbianas pueden y quieren tener hijos, de hecho amar a otra mujer no significa ser estéril o ser incapaz de criar y educar niños. Muchas mujeres homosexuales ya tienen hijos, bien adoptados, bien procedentes de convivencias anteriores o en régimen de acogida. A este respecto:
· La Ley que regula la adopción y la figura del acogimiento familiar (1987) no discrimina a los individuos por motivo de orientación sexual. Cualquier adulto a título individual, si cumple las condiciones de idoneidad, puede adoptar y acoger niños. El problema surge cuando una pareja homosexual quiere adoptar como tal. Esta posibilidad no se permite.
· La Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida (1988) permite a las mujeres solas acceder a una inseminación.
Amparadas bajo estas leyes las mujeres lesbianas hace años que están adoptando niños, incluso se están otorgando niños "difíciles" en acogida a parejas formadas por mujeres.
Por otro lado, numerosas lesbianas están siendo inseminadas en clínicas especializadas sin ninguna complicación. Algunos expertos estiman que entre el 75% y el 80% de las mujeres solas y solteras que se inseminan con semen de donante anónimo son lesbianas que viven en pareja.
Se calcula que entre el 23% y el 50% de gays y lesbianas, sobre todo éstas, tienen hijos, los crían y forman con estos y con sus parejas familias basadas en el amor y el respeto.
De puertas para adentro no se diferencian de cualquier otra familia, de puertas para afuera los problemas y la discriminación social y legal marcan la diferencia: Son familias no visibles.
Para la ley el niño / a es sólo de la madre biológica o adoptiva, con todos los inconvenientes que esta situación genera y con la merma de derechos que acarrea para los hijos e hijas de parejas formadas por dos mujeres. Hay derechos sucesorios y
Económicos de todo tipo: herencias, seguros médicos, de accidente,... que éstos no pueden disfrutar en igualdad de condiciones con respecto a los hijos de parejas heterosexuales. Por ejemplo, en los casos de separación de quienes de hecho son sus madres, el niño / a no tienen reconocido su derecho a una pensión de manutención por parte de su madre no biológica, o en caso de fallecimiento de ésta, no se le tienen en cuenta derechos de herencia o el pago de indemnizaciones si el fallecimiento ocurriera por accidente.
La vida cotidiana de las parejas conformadas por mujeres resulta extraordinariamente complicada por el hecho de que para la Ley esta pareja no exista, por ejemplo, respecto a cualquier actividad cotidiana del niño: el colegio la asistencia médica, etc... Sólo la madre biológica o adoptiva puede tomar decisiones.
El niño / a no suele tener ningún refuerzo positivo, al contrario, tiene que pasar por estas situaciones que le recuerdan constantemente que su otra madre "no es nadie" para la Ley y tampoco para un sector de la sociedad: que su familia no es como las demás. En definitiva, afectiva y emocionalmente no está protegido por las normas.
El niño crece con dos madres a las que quiere por igual porque ambas le han criado y educado, sin embargo, si la Ley no reconoce el papel de la madre no biológica, los lazos afectivos y emocionales del niño / a con aquella podrían cortarse si la madre biológica muriera. Así pues, las leyes no protegen el bienestar psicológico del niño / a.
Si bien en la actualidad las leyes desasisten al niño /a cuando tiene dos madres, esta situación en un futuro va a cambiar.
Datos hay para ser optimistas:
· Cada vez hay más casos de parejas lesbianas que denuncian esta indefensión legal y que reclaman inscribir al hijo que tiene como hijo de ambas.
· Una parte considerable de nuestra sociedad acepta sin problemas la paternidad para parejas del mismo sexo.
· Políticamente se dan pasos importantes, por ejemplo, ya existe en Navarra una Ley Autonómica de Parejas de Hecho que reconoce la adopción para parejas formadas por el mismo sexo y los partidos políticos en su mayoría ya han incluido en sus proyectos la aprobación del matrimonio para homosexuales y lesbianas con los mismos beneficios y obligaciones que en el caso de los heterosexuales.
FORTALECER LA AUTOESTIMA
Todas las personas construimos nuestra sexualidad como respuesta a las definiciones culturales que nos rodean. Las mujeres lesbianas también
La autoestima es el aprecio, la consideración que una persona siente por si misma, condicionada por un conjunto de experiencias y prácticas de vida y está constituida por:
Þ Las creencias acerca de una misma
Þ Los pensamientos y los conocimientos
Þ Las dudas y las intuiciones.
Þ La interpretación de lo que nos ocurre y lo que hacemos que suceda
Þ Las emociones, los afectos y los deseos.
Todavía persisten mecanismos sociales que enfrentan a las mujeres lesbianas a una subvaloración inicial como mujer con los obstáculos que esto acarrea:
- Sentimientos de culpabilidad y deseo de legitimarse.
- Vivir con un secreto que excluye y provoca soledad.
- Tener mayores dificultades que los demás para hacer de su experiencia sexual algo positiva
Estos problemas, junto con el estigma y los prejuicios que rodean al lesbianismo, son la causa de que las mujeres lesbianas tengan que hacer un ejercicio muy laborioso para lograr una autoestima equilibrada.
Las consecuencias de una baja autoestima son:
- limitación de la capacidad de abrirse a los demás y por tanto reducción de la expresión de los deseos en general y de los sexuales en particular.
- merma de la capacidad de buscar soluciones, por tanto asunción menor de decisiones
- distorsión de la percepción y la capacidad para afrontar la experiencia sexual.
Igualmente una baja autoestima no propicia la habilidad necesaria para resolver los conflictos cotidianos sin ansiedad, sin actitudes defensivas y sin esos miedos que se van presentando por el hecho de tener una orientación homosexual no del todo asumida.
Conformadas como seres "para otros" las mujeres depositan la autoestima en "los otros" y en menor medida en sus capacidades. No es raro, por tanto, encontrar a muchas lesbianas con una baja estima de sí mismas.
¿Cómo se fortalece la autoestima?
- Al concretar los deseos y hacerlos posibles en libertad.
- Cuando se promueve el bienestar y se impulsa y mantiene el desarrollo personal.
- Al transformar las estructuras sociales, familiares e institucionales que tengan presente la diversidad de deseos sexuales y hagan posible desarrollarlos en igualdad de condiciones.
LESBIANAS MAYORES
¿Dónde están las lesbianas mayores?, si hay una etapa donde la invisibilidad hace mella es en la vejez. Parece que una mujer deja de desear a otra cuando se llega a cierta edad.
Nada más lejos de la realidad, no se deja de ser lesbiana porque se cumplan años, sino que es precisamente en la vejez cuando las discriminaciones y los obstáculos se agudizan.
Vivimos en una sociedad que hace de la juventud valor supremo y que relega a los ancianos / as a un segundo plano. Vivimos de espaldas a la vejez, no queriendo ver que ésta es inevitable y despojando a esta etapa de la vida de sus connotaciones positivas.
Respecto a las mujeres homosexuales ancianas de hoy, hay dos cuestiones que habría que tener en cuenta:
· Tuvieron que hacer frente a su homosexualidad en la época franquista, inmersas en una coyuntura social y política que perseguía y reprimía la homosexualidad y que daba a la mujer un papel sexual secundario y reproductor.
· Hoy en día se encuentran con un entorno homosexual que se mueve con otras claves y criterios diferentes a los que ellas tenían cuando empezaron a vivir su lesbianismo.
La época franquista supuso para estas mujeres vivir su homosexualidad en unas condiciones totalmente diferentes a las actuales, con mayores cuotas de miedo a la represión, más dificultades para reconocerse en si mismas y hacer realidad un deseo sexual invisible y negado.
Cuando algunas lo asumieron pasaron por una paradoja; por un lado vivieron una innegable discriminación pero, por otro, obtuvieron el beneficio que les daba la invisibilidad, que les permitirá vivir juntas y relacionarse entre ellas sin la presión social a la que se veían sometidos sus coetáneos gays. Son las grandes amigas a las que siempre se les ha visto vivir juntas.
Muchas de ellas aprovecharon la transición política y el cambio de actitudes en sexualidad para hacerse públicas o "salir del armario" y en la actualidad se enfrentan a la amenaza de que "el armario" vuelva a cerrar sus puertas con ellas dentro. Nuestra sociedad reconoce con dificultad la existencia de sexualidad entre personas mayores y si ésta es de carácter homosexual o lesbiano, no se menciona. De hecho ningún estudio sobre la vejez habla sobre la posible homosexualidad de ancianos / as.
Hoy día es difícil ser mayor. La soledad y la penuria económica son importantes problemas, a los que se le une la ausencia de regulación jurídica en las parejas del mismo sexo y el no reconocimiento de esta realidad por los servicios de asistencia a los mayores.
Los cambios sociales en las formas de vivir hoy la homosexualidad, esto es, de manera más pública y abierta y con una mayor aceptación colectiva, pueden ser difíciles de asimilar por parte de quienes se han acostumbrado a vivir toda su vida en el secreto y la negación de si mismas.
El colectivo homosexual es aparentemente joven y hostil a la vejez. Los recursos y espacios de socialización para este grupo han sido diseñados sobre todo para su gente joven, por tanto no es de extrañar que el acceso de personas mayores a los mismos se vea mermado y que éstas encuentren complicado su uso. Es evidente que hacen falta espacios colectivos más ajustados a los intereses y expectativas de lesbianas y gays ancianos.
Ante todo este cúmulo de complicaciones sería lógico pensar que las lesbianas maduras ya han perdido su tren porque sencillamente a su edad ya no merece la pena la búsqueda de una sexualidad satisfactoria. TODO LO CONTRARIO. La calidad de vida de las mujeres ha mejorado sensiblemente y son muchas las que alcanzan la vejez en inmejorables condiciones físicas y mentales. Todavía hay mucho tiempo por delante y mucha vida sexual activa también. La sexualidad no es sólo para el disfrute de jóvenes y adultos, sino que nos acompaña toda la vida, por eso es importante buscar, utilizar, y hacer posible todo lo que facilite y potencie nuestro bienestar.
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Riesgos de salud en las mujeres lesbianas
Según los especialistas, las mujeres lesbianas parecen tener un riesgo más alto de sufrir ciertas enfermedades que sus pares heterosexuales...
Entre estas enfermedades se destacan los tumores de pecho y ováricos así como las enfermedades cardíacas, pero las lesbianas también tienen un mayor riesgo de sufrir otros problemas de salud,
en parte porque visitan a sus doctores con menor frecuencia que otras mujeres, y porque además existen algunos factores que pueden ser más comunes entre las lesbianas, como por ejemplo:
1. Nunca dar a luz (lo que se asocia con un riesgo más alto de sufrir cáncer de pecho)
2. La obesidad
3. El consumo de alcohol y tabaco
4. Las tensiones relacionadas con los problemas sociales que les acarrea su homosexualidad
5. Falsas ideas sobre el riesgo de sufrir ciertos problemas de salud, como por ejemplo que ellas no necesitan de exámenes regulares de Papanicolau
Tomado de: www.enplenitud.com
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MASTURBACIÓN, SOLUCIÓN A PROBLEMAS
DE SEXUALIDAD FEMENINA
por
Regina Reyna
Regina Reyna
Regina Reyna
Tomado de http://www.saludymedicinas.com.mx/
Remotamente alejada de ser una práctica sexual vergonzosa, como todavía es considerada por muchas personas, la masturbación es hoy parte de ciertas terapias prescritas por los sexólogos, ya que ayuda a la mujer a conocer su sexualidad, e incluso a superar problemas de frigidez o anorgasmia.
Lejos han quedado aquellos tiempos en los que se decía que la autocomplacencia provocaba enfermedades nerviosas, tuberculosis, esterilidad, locura o ceguera; por el contrario, en la actualidad está científicamente demostrado que la masturbación es algo natural y muy recomendable, ya que cada orgasmo reduce estrés y ansiedad, pues el cuerpo libera endorfinas, hormonas que contribuyen a la relajación.
Particularmente cuando la mujer se masturba disminuye las molestias menstruales y combate la sequedad vaginal en la etapa del climaterio (se inicia con la última menstruación -menopausia- y con ella se da fin a la etapa reproductiva de la mujer y a la generación de hormonas llamadas estrógenos; son comunes síntomas como sudoración excesiva, oleadas de calor repentinas (bochornos), fatiga, depresión frecuente, así como carácter irritable y ansioso). Además, juega papel muy importante en la corrección de determinadas disfunciones sexuales, como frigidez (falta de apetito sexual).
En efecto, los sexólogos recomiendan para las féminas que tienen dificultades para alcanzar un orgasmo que exploren su propio cuerpo, que descubran qué cosas les dan más placer y que lo disfruten mediante la masturbación. El siguiente paso es compartir con la pareja esas zonas erógenas descubiertas para que la contraparte sepa donde tocar y cómo hacerlo, y de esa forma disfrutar plenamente la relación sexual.
¿Cómo?
El número de mujeres que se masturban es más alto de lo que usted y yo imaginamos, y para llevarlo a cabo se acarician, frotan o presionan los órganos genitales y el clítoris acostadas, sentadas o de pie; otras prefieren la estimulación indirecta, acariciando el monte de Venus, los labios vaginales, o presionando sobre la zona; incluso, introduciendo un dedo en su vulva.
Los mismos sexólogos sugieren que el clítoris se acaricie de arriba hacia abajo, de adelante a atrás o mediante movimientos circulares suaves, siguiendo presión y ritmo que la sensibilidad permita. Lo indicado es comenzar lentamente para después ir más rápido y con mayor presión, comprobando qué es lo que más le gusta o lo que le molesta.
Hay que acotar que muchas mujeres mantienen el mismo ritmo hasta que llegan al orgasmo y otras se detienen poco antes de llegar al clímax para volver a comenzar. Relatan que lo consiguen cuando al sentir que están a punto de llegar al clímax, pegan los talones y aprietan las nalgas para que la presión sobre el ano sea mayor, o bien contraen y relajan alternativamente los músculos de la vagina y el trasero para jugar con la intensidad y aumentar el placer.
Realizarlo de esta manera no tiene la finalidad de llegar al orgasmo sino saber controlarlo, consiguiendo alargar el acto cuanto se pueda, interrumpiendo las caricias en el momento preorgásmico y volviendo a empezar.
Indicación similar se sugiere al hombre que presenta eyaculación precoz, es decir, masturbarse, y al sentir que el orgasmo está cerca disminuir el ritmo o cortar de tajo y volver a autoestimularse, pues con esta medida es posible llegar a dominar la respuesta orgásmica.
Retomando la autosatisfacción femenina, es importante recordar que estimular de manera continua el clítoris puede ser doloroso, por lo que se deben alternar las caricias con otras zonas, o bien se puede probar con tela o tejido entre los dedos y el diminuto órgano.
Algunas mujeres disfrutan al introducirse el dedo medio en la vagina, mientras que con los otros continúan estimulando los órganos sexuales por fuera. Tenga en mente que el clítoris tiene un lado que normalmente es más sensible que el otro, el cual puede aprovechar frotándolo por más tiempo.
Otra forma de sentir placer es poner el clítoris entre los dedos índice y pulgar, friccionando de un lado hacia el otro, utilizando lubricante, y, si puede, introduciendo un dildo (juguete sexual) en la vagina.
Las secreciones vaginales ayudan a acariciar el clítoris y los labios más fácilmente, pero también puede recurrirse al empleo de cremas lubricantes suaves (a base de agua) o, simplemente, mojarse el dedo con saliva.
¡Más intenso!
Las fantasías sexuales pueden jugar un papel muy importante en la masturbación; por ejemplo, reviva una escena ardiente con su pareja, imagine que hace el amor con un desconocido o recuerde la imagen de una película erótica, trucos que tienen la finalidad de excitarse antes y durante la masturbación.
Para llegar al orgasmo mediante la masturbación puede llevarle unos cuantos minutos o prolongarse por mucho tiempo, lo cual dependerá del humor, estado físico (cansancio o estrés) y grado de excitación.
Una sugerencia más: el masaje en la ducha, es decir, dirija la regadera de mano o "de teléfono" directamente a donde inicia la vagina y luego al pubis, rozando el clítoris en cada pasada. Con la mano que mantiene libre, ajuste la temperatura y presión del agua para mayor variedad de sensaciones; evite los chorros fuertes dentro de la vagina, ya que pueden causar resequedad.
Asimismo, durante el baño puede recurrir a otra variante: recuéstese en la tina y con las piernas extendidas ubíquese bajo la regadera fija o el grifo, el cual es más fácil de regular en intensidad y temperatura.
Una vez en la cama, haga un nudo en un extremo de la almohada y frótelo contra su clítoris. Puede hacer lo mismo utilizando los famosos vibradores, ya sean eléctricos o de baterías, los cuales incluso se emplean para estímulo vaginal o anal. Con el mismo aparato puede probar la penetración vaginal, tocando el clítoris ocasionalmente, mientras con la mano libre aprieta sus pezones.
Igualmente estimulantes resultan los llamados dildos o juguetes sexuales, los cuales pueden usarse en tantas posiciones como la imaginación lo permita. El empleo de éstos puede contribuir a mejorar la salud sexual, particularmente en las mujeres que por efecto del climaterio sufren adelgazamiento de las paredes de la vagina, pues se sabe que fortalecen los músculos de esta zona y relajan la tensión de los tejidos, con lo cual se contrarresta la vaginitis, condición en la que los músculos de esta parte de los genitales externos se tensan a tal grado que provocan dolor durante el coito.
Procure que tanto vibradores como dildos sean fabricados con material que garanticen que no se rompen fácilmente; los elaborados a partir de silicón son los más recomendables, pero también los más caros, sobre todo por ser un material flexible y no poroso que permite mejor limpieza. Para el uso de ambos aparatos resultan indispensables los lubricantes para evitar lesiones y extremar la higiene como medida preventiva de infecciones en la zona.
Sexólogos investigadores han hecho evidente que insertando un vibrador o dildo en la vagina se puede estimular el punto G, el cual ha sido previamente localizado con los dedos y después excitado con el empleo de los juguetes sexuales referidos.
Las sex shops (tiendas de objetos sexuales) ofrecen las llamadas bolas chinas o ben wa, que son fabricadas con metales muy livianos (como el acero quirúrgico) y de tamaño menor a una pelota de golf. La mujer las inserta en la vagina, en cuyo interior dan vueltas tras estímulos de los músculos de la zona, por ejemplo al caminar, produciendo sensaciones eróticas; muchas mujeres intensifican la sensación al introducir también los dedos, dildos o vibradores teniendo las esferas dentro.
Existe otra variante del mismo producto, que consiste en dos o más bolas unidas por una cuerda y que son introducidas en vagina o ano -después de ser lubricados-, dejando el extremo del cordón fuera. La intención es que al estar cerca del orgasmo se jale suavemente la cuerda y salga una por una las esferas, lo que incrementa el placer.
Hay quien asegura que entre 70 y 80% de las mujeres se masturba hasta lograr el orgasmo alguna vez en su vida, y que hay otras que no lo han hecho nunca. Muchas de quienes lo han intentado empiezan aproximadamente a los 20 años, o cuando ya han tendido relaciones sexuales, llegando incluso a combinarlas descubriendo nuevas formas de excitarse y de experimentar orgasmos múltiples.
La masturbación es una experiencia muy personal y privada, y muchas veces resulta tanto o más gratificante que una relación sexual plena; téngalo en consideración.
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Soy heterosexual pero me siento atraída por otras mujeres

Algunas personas se sienten confusas e inquietas porque sabiéndose heterosexuales y reconociéndose como tales, tienen uno o varios sueños o fantasías sexuales de contenido homosexual.
Incluso, en ocasiones, se han sorprendido sintiéndose atraídas e, incluso, sexualmente excitadas, por una persona de su mismo sexo. Eso, a veces, les hace dudar de su orientación sexual.
Suele decirse que el ser humano es bisexual por naturaleza y que sólo los convencionalismos sociales favorecen que terminen orientándose de una manera u otra. Eso no es enteramente así. En realidad, desconocemos las variables que favorecen la orientación heterosexual (la damos tan de por hecho que la consideramos algo natural y espontáneo), y, por lo mismo, no sabemos cuáles son las que hacen que tal orientación resulte homosexual.
En principio conviene saber que el impulso sexual, las tensiones sexuales, las necesidades de satisfacción sexual son inespecíficos e independientes de cualquier objeto. Es decir, se bastan a sí mismos. Existen desde antes que surja la capacidad reproductora (se han observado fetos masculinos y femeninos masturbándose en el seno materno) y se mantienen hasta bastante después de que esta desaparezca (la menopausia). Eso hace posible que a muy temprana edad aparezca la masturbación como forma autónoma de satisfacer esa tensión sexual inespecífica.
Orientación emocional
Si la sexualidad estuviera orientada necesariamente hacia otra persona, la masturbación no aparecería tan pronto, ni tendría razón de ser. Algunas investigaciones refieren que hasta un 50% de las mujeres (y un 13% de los hombres) comienzan a masturbarse antes de los 10 años de edad, cuando aún no pueden reproducirse. Tal inespecificidad permite que seamos capaces de gozar de una actividad sexual practicada por otra persona (masturbación, sexo oral...) con los ojos cerrados, sin saber si es hombre o mujer.
También existe un momento en nuestra infancia en el que nuestros compañeros de juego comienzan a aparecer ante nuestros ojos de otra manera... Empiezan a gustarnos, comienzan a resultarnos atractivos y deseables. Con frecuencia, suelen resultarnos más atractivos los miembros del sexo opuesto (aún no sabemos por qué). En algunas personas, eso les sucede con miembros del propio sexo. Así surge la orientación emocional.
Y he aquí, que gracias a la capacidad fantaseadora que existe desde la infancia, esas imágenes emocionalmente atractivas terminan asociándose al sexo al evocarlas durante la masturbación. Con lo que la orientación emocional deviene también en orientación sexual. Eso hace que desde ese momento prefiramos mantener relaciones sexuales con las personas que nos resultan emocionalmente atractivas, sean del otro sexo o del propio.
No es algo infrecuente: un 36% de las mujeres heterosexuales han tenido relaciones sexuales con otra mujer; algo más de una mujer de cada tres
"Mejores amigas"
Una orientación heterosexual así adquirida no impide tener amistades emocionalmente profundas con miembros del mismo sexo (las tan conocidas "mejores amigas"). Con frecuencia se trata sólo de eso: amistad. Pero en ocasiones, movidas por la curiosidad, por la necesidad de compartir secretos y experiencias, por la necesidad de información directa, por disfrutar de ese hallazgo tan importante para todos que es el sexo, algunas chicas abiertamente heterosexuales comparten y disfrutan de prácticas sexuales con una amiga o una prima, sin que ello tenga trascendencia alguna sobre su orientación sexual.
No es algo infrecuente: un 36% de las mujeres heterosexuales han tenido relaciones sexuales con otra mujer; algo más de una mujer de cada tres. Un 8% de ellas tienen experiencias de este tipo antes de la pubertad, otro 14% las inician desde la pubertad hasta los veinte años, y un 11% comienzan a tenerlas a partir de los 20 años. En el 98% de los casos, tales contactos sexuales consisten básicamente en masturbaciones recíprocas (aunque también puede haber caricias en senos y besos en la boca), mientras que los contactos bucogenitales son practicados por el 18% (entre las lesbianas estas cifras varían: 98% para el sexo oral y 41% para la masturbación recíproca). Más de la mitad de esas mujeres (56%) tienen este tipo de experiencias sólo con una persona, el resto (44%) con varias.
Adoración de la belleza
Son prácticas que forman parte del descubrimiento de la sexualidad y del proceso de maduración psicosocial de las mujeres que nada tiene que ver con su orientación sexual de orígen, ni influyen sobre la misma en el futuro. Pero vivimos en una cultura que adora la belleza (sobre todo femenina). Todos, hombres y mujeres, aprendemos a valorar los encantos del cuerpo femenino desde la infancia. Por eso no puede extrañar que muchas mujeres se sientan estéticamente atraídas por otra mujer. Y no me refiero sólo al cuerpo, también pueden sentirse subyugadas por la personalidad, la forma de actuar, etc., de otras mujeres.
Y esa atracción puede desencadenar un deseo imitativo que hace que esa mujer sea deseada para ser igual a ella. Ese sentimiento puede confundirse con un deseo erótico aunque no lo sea. Y, en ocasiones, puede asociarse también a una fuerte emoción que activa el impulso sexual y lo orienta hacia esa persona en concreto, pese a ser decididamente heterosexual. No tiene nada de extraño, nada de anormal. Y carece de importancia respecto a la orientación heterosexual de quien así se siente atraída por otras mujeres.
Muchos sentimientos no se materializan
Son sentimientos bastante más comunes de lo que se piensa, razón por la que no hay que sentirse extrañas por tenerlos. Y no por frecuentes significa que aboquen ineludiblemente en una relación sexual. Muchos sentimientos de esta naturaleza se quedan ahí y no se materializan. En realidad hasta el 66% de las mujeres (dos de cada tres) han tenido este tipo de sentimientos hacia otra mujer, aunque, como he señalado antes, sólo lo hayan plasmado en relaciones físicas el 36%.
Luego está el mundo transgresor de la fantasía, donde cada cual se permite hacer o percibir sin riesgos lo que nunca haría en la vida real. En la fantasía se planifican robos, asesinatos, aventuras fantásticas, historias rocambolescas... y contactos homosexuales. Se hace así por curiosidad, por morbo... Hasta un 11% de mujeres abiertamente heterosexuales tiene fantasías con contenido homosexual y disfrutan con ellas durante la masturbación, sin que eso signifique que su orientación heterosexual se tambalee.
Y finalmente están las relaciones homosexuales que se inician en situaciones especiales donde están restringidas las posibilidades de tener contacto con personas del otro sexo, como sucede en internados, prisiones, etc. Son conductas que se mantienen mientras se mantiene ese escenario, como vía de escape para las propias necesidades emocionales y sexuales y que desaparecen cuando cesa tal circunstancia. Son experiencias que carecen de mayor significado respecto a la orientación sexual de origen de cada cual.
No hay pues muchas razones para dudar de la orientación heterosexual de una en estas circunstancias. Son muy comunes y responden a necesidades puntuales que tal como vienen se van.
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Lesbianismo y vejez: una combinación no demasiado mala
Por Beatriz Gimeno Presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales
Vivimos en una época que ha convertido la vejez en una palabra sucia. La gente gasta mucho dinero, esfuerzo, tiempo, salud, en parecer más joven de lo que es realmente. Operaciones, cosméticos, tratamientos muy costosos y dolorosos en una loca carrera para huir de algo que, indefectiblemente, nos terminará alcanzando. El mito de la juventud se ha instalado definitivamente entre los gays, quienes han creado y sostienen una subcultura en la que se rinde culto a la juventud y en la que se desprecia y se denosta, hasta límites increibles, a los ancianos. He escrito recientemente un artículo referido a la discriminación que los gays ancianos padecen, tanto entre la propia comunidad gay como en la sociedad heterosexual en general; en este artículo hacía referencia a los estudios y a los artículos que se han escrito sobre el tema de la vejez entre los gays en los últimos años. Sin embargo, como siempre, hay muy pocos estudios relativos a la vejez de las lesbianas.
Lo poco que se sabe sobre este tema parece sugerir que, llegadas a la vejez y paradojicamente, las lesbianas pueden vivir una vida en la que disfruten, en algunos aspectos, de una mayor calidad de vida con respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, aunque también señalan la existencia de discriminaciones específicas que hay que conocer y combatir. El problema de la vejez afecta especialmente a las mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Al ocupar en esta cultura todavía un lugar eminentemente sexual y reproductor, las mujeres, a lo largo de la historia, sufren de una aun mayor desvalorización en el momento de la menopausia cuando su papel como reproductoras desaparece y su papel sexual, de una manera simbólica también. No son pocas las mujeres heterosexuales que han relatado que llega una edad en la que sienten que se vuelven "invisibles". En la cultura occidental patriarcal "las brujas" son las ancianas sabias, aquellas que, lejos ya de los imperativos biológicos, se atreven a desafiar los mandatos de su género adquiriendo y transmitiendo conocimientos. Puestas en el lugar al que se dirige la mirada masculina, las mujeres que dependen de esa mirada son las que se sienten "invisibles" y son las que se agrandan y achican los pechos, las que se estiran las arrugas, se quitan la celulitis y las que se angustian cuando esa mirada, que las ha acompañado a lo largo de su vida, valorizándolas, desaparece. En relación a la edad, a la vejez, y con la ventaja anteriormente mencionada sobre las mujeres heterosexuales, las lesbianas se encuentran, como hemos dicho, en una situación un tanto paradójica.
Como lesbianas comparten con los gays todas las discriminaciones que una sociedad homófoba ejerce sobre las personas con una orientación sexual distinta a la de la mayoría: La pobreza, la falta de recursos, la invisibilidad, la discriminación en las instituciones, el heterosexismo dominante, se ceban en los viejos y de éstos siempre en los más débiles, en los más vulnerables, en este caso en aquellos con una orientación sexual homosexual. Pero más vulnerables que los varones más débiles son siempre las mujeres que, aun compartiendo con los ancianos gays muchos o todos de los problemas mencionados, sufrirán, además, una discriminación añadida a su orientación sexual por el hecho de ser mujeres. La pobreza, por ejemplo, que es uno de los problemas más acuciantes para todos los ancianos afecta en proporción mucho mayor a las mujeres que a los hombres, y entre aquellas también a las lesbianas. Los problemas de salud son una de las mayores preocupaciones de las personas mayores en todas las sociedades. Unos servicios de salud no preparados para asumir la homosexualidad de sus clientes pueden provocar la desconfianza de éstos y, debido a este problema, tratamientos erróneos o ineficaces o incluso desprotección frente a las enfermedades.
En su vejez, las lesbianas pueden estar necesitadas de atención sanitaria en mayor aun medida que los gays. Si durante toda su vida las mujeres tienen que prestar una atención especial a las enfermedades relacionadas con la ginecología, en la ancianidad esta necesidad es aun mayor. Pero al estar la medicina ginecológica relacionada con la vida sexual y reproductiva de las mujeres, es un sector de la medicina que está especialmente afectado por los prejuicios y por el sesgo patriarcal que todavía rige todo lo que se refiere a la sexualidad femenina. Así, si la presunción de heterosexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida de las lesbianas, aun más enraízada lo está medicina ginecológica que en España continúa indefectiblemente identificando sexualidad con sexualidad heterosexual y aun ésta con penetración. Cuando los ginecólogos preguntan a una paciente si mantiene relaciones sexuales, lo que la están preguntando es si es penetrada habitualmente, pregunta esta que confunde y enmudece a muchas lesbianas. La presunción de heterosexualidad es un factor decisivo en la incomodidad que las mujeres lesbianas declaran sentir ante el ginecólogo que, además, realiza las exploraciones sin ningún cuidado ni delicadeza.
Las lesbianas han declarado en todos las encuestas que se han hecho (en EE.UU por supuesto) que se sienten maltratadas y muchas veces humilladas por los ginecólogos, en quienes no pueden confiar para contarles sus problemas de salud. Esta reticiencia para acudir al especialista es lo que ha convertido el lesbianismo en un factor de riesgo frente a determinadas enfermedades de origen ginecológico, como el cáncer de mama o de cuello de útero, o de ovarios. Esa es la razón principal, hay otras de menor importancia, de que las lesbianas sufran estas enfermedades en mucha mayor medida que las mujeres heterosexuales y de que éstas no sean adecuadamente prevenidas ni combatidas. Las pautas claramente patriarcales y heterosexistas que imperan en la medicina tienen la culpa. Lo dicho hasta ahora es la cara negativa de la vejez de las lesbianas, pero no es la única cara. Según los escasos estudios publicados sobre el tema, las lesbianas viven su vejez en mejores condiciones que los gays y, casi siempre en mejores condiciones también que las mujeres heterosexuales a quienes sus matrimonios impidieron crear o conservar fuertes vínculos con otras mujeres. Respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, las lesbianas tienen la enorme ventaja de que la cultura femenina no ha instaurado la juventud ni la belleza física como valor supremo por el que regirse en sus relaciones con los demás; las mujeres no están socializadas para primar esos factores sobre otros a la hora de buscar pareja o de enamorarse.
No es que las lesbianas no quieran ser también valorizadas y apreciadas por una mirada de deseo; es sólo que la mirada que las lesbianas desean sobre sí, la mirada de otra mujer, será como la mirada que las mujeres heterosexuales dedican a los hombres a los que desean y a los que aman, una mirada que valorará otros aspectos de la personalidad que no los puramente físicos. Las lesbianas, al fin y al cabo, han sido socializadas como todas las mujeres y como ellas aprendemos a mirar y a desear. Esto hace que las mujeres lesbianas puedan enamorarse, encontrar pareja y ser deseadas por otras mujeres hasta edades en las que los gays hace tiempo que dejaron de contar. No es infrecuente que en los grupos de lesbianas existan parejas formadas por mujeres mayores que conviven con mujeres mucho más jóvenes y la discriminación por edad no se produce apenas, al menos no por el momento, en los grupos de lesbianas, donde conviven sin demasiados problemas mujeres de todas las edades. No es infrecuente tampoco que mujeres que pertenecen a diferentes grupos generacionales establezcan fuertes, estrechos y duraderos vínculos de amistad. Amistades femeninas que incluyen el cuidado, la intimidad y la cercanía emocional, lo que, indudablemente, es un factor muy positivo en un momento de la vida en el que está sociedad volcada a la juventud abandona a sus mayores en la soledad y el desamparo.
Las lesbianas no se sienten solas tan a menudo y disponen de más recursos que los gays para vivir esos años. Además, no hay que olvidar que las mujeres viven más que los hombres, por lo que las lesbianas pueden vivir con su pareja y con sus amigas de siempre hasta edades muy avanzadas, hasta edades en las que las mujeres heterosexuales se han quedado viudas y los gays han perdido a su pareja y a sus pares de edad. Por otra parte, la famosa invisibilidad de las lesbianas, que persigue y acompaña a las lesbianas durante toda su vida, puede llegar a convertirse en el factor que permita que dos mujeres vivan juntas en su casa o en una residencia, o que se visiten unas a otras, o que duerman unas en casa de las otras, o que viajen juntas, sin ser por eso sometidas a presión de ningún tipo, y eso en un momento de la vida en que se es especialmente vulnerable a la presión del entorno. Otro factor que incide favorablemente en la calidad de vida de las lesbianas ancianas es que, a lo largo de su vida, las lesbianas, como las mujeres en general, han protegido y cuidado sus vínculos familiares en mayor medida que los gays y en mayor medida también que los hombres heterosexuales, por lo que la soledad y el aislamiento no les afecta de la misma manera. En los últimos años, además, muchas lesbianas están teniendo o adoptando hijos con los que mantendrán relaciones muy cercanas que se mantendrán fuertes en esos años. Todo lo dicho no obsta para que, en los años que vienen no tengamos las personas que trabajamos en contra de la discriminación y de la marginación a que esta sociedad somete a lesbianas y gays, que ocuparnos de la calidad de vida de las lesbianas ancianas, de las nuevas discriminaciones y de las antiguas, de sus necesidades, de sus deseos, de valorar sus vidas, transcurridas en una época en la que ser lesbiana y vivir como tal era algo muy diferente de que lo es ahora; tendremos que escucharlas para que nos enseñen lo que saben, aprender de ellas, mirarnos en ellas, para poder finalmente llegar a ser como ellas. Las lesbianas tendremos que resistirnos a dejarnos llevar por la marea de una sociedad y de una cultura que desprecia e ignora a sus mayores, simplemente porque ese trato es injusto, pero sobre todo porque es suicida: viejas vamos a ser todas.
Lo poco que se sabe sobre este tema parece sugerir que, llegadas a la vejez y paradojicamente, las lesbianas pueden vivir una vida en la que disfruten, en algunos aspectos, de una mayor calidad de vida con respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, aunque también señalan la existencia de discriminaciones específicas que hay que conocer y combatir. El problema de la vejez afecta especialmente a las mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Al ocupar en esta cultura todavía un lugar eminentemente sexual y reproductor, las mujeres, a lo largo de la historia, sufren de una aun mayor desvalorización en el momento de la menopausia cuando su papel como reproductoras desaparece y su papel sexual, de una manera simbólica también. No son pocas las mujeres heterosexuales que han relatado que llega una edad en la que sienten que se vuelven "invisibles". En la cultura occidental patriarcal "las brujas" son las ancianas sabias, aquellas que, lejos ya de los imperativos biológicos, se atreven a desafiar los mandatos de su género adquiriendo y transmitiendo conocimientos. Puestas en el lugar al que se dirige la mirada masculina, las mujeres que dependen de esa mirada son las que se sienten "invisibles" y son las que se agrandan y achican los pechos, las que se estiran las arrugas, se quitan la celulitis y las que se angustian cuando esa mirada, que las ha acompañado a lo largo de su vida, valorizándolas, desaparece. En relación a la edad, a la vejez, y con la ventaja anteriormente mencionada sobre las mujeres heterosexuales, las lesbianas se encuentran, como hemos dicho, en una situación un tanto paradójica.
Como lesbianas comparten con los gays todas las discriminaciones que una sociedad homófoba ejerce sobre las personas con una orientación sexual distinta a la de la mayoría: La pobreza, la falta de recursos, la invisibilidad, la discriminación en las instituciones, el heterosexismo dominante, se ceban en los viejos y de éstos siempre en los más débiles, en los más vulnerables, en este caso en aquellos con una orientación sexual homosexual. Pero más vulnerables que los varones más débiles son siempre las mujeres que, aun compartiendo con los ancianos gays muchos o todos de los problemas mencionados, sufrirán, además, una discriminación añadida a su orientación sexual por el hecho de ser mujeres. La pobreza, por ejemplo, que es uno de los problemas más acuciantes para todos los ancianos afecta en proporción mucho mayor a las mujeres que a los hombres, y entre aquellas también a las lesbianas. Los problemas de salud son una de las mayores preocupaciones de las personas mayores en todas las sociedades. Unos servicios de salud no preparados para asumir la homosexualidad de sus clientes pueden provocar la desconfianza de éstos y, debido a este problema, tratamientos erróneos o ineficaces o incluso desprotección frente a las enfermedades.
En su vejez, las lesbianas pueden estar necesitadas de atención sanitaria en mayor aun medida que los gays. Si durante toda su vida las mujeres tienen que prestar una atención especial a las enfermedades relacionadas con la ginecología, en la ancianidad esta necesidad es aun mayor. Pero al estar la medicina ginecológica relacionada con la vida sexual y reproductiva de las mujeres, es un sector de la medicina que está especialmente afectado por los prejuicios y por el sesgo patriarcal que todavía rige todo lo que se refiere a la sexualidad femenina. Así, si la presunción de heterosexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida de las lesbianas, aun más enraízada lo está medicina ginecológica que en España continúa indefectiblemente identificando sexualidad con sexualidad heterosexual y aun ésta con penetración. Cuando los ginecólogos preguntan a una paciente si mantiene relaciones sexuales, lo que la están preguntando es si es penetrada habitualmente, pregunta esta que confunde y enmudece a muchas lesbianas. La presunción de heterosexualidad es un factor decisivo en la incomodidad que las mujeres lesbianas declaran sentir ante el ginecólogo que, además, realiza las exploraciones sin ningún cuidado ni delicadeza.
Las lesbianas han declarado en todos las encuestas que se han hecho (en EE.UU por supuesto) que se sienten maltratadas y muchas veces humilladas por los ginecólogos, en quienes no pueden confiar para contarles sus problemas de salud. Esta reticiencia para acudir al especialista es lo que ha convertido el lesbianismo en un factor de riesgo frente a determinadas enfermedades de origen ginecológico, como el cáncer de mama o de cuello de útero, o de ovarios. Esa es la razón principal, hay otras de menor importancia, de que las lesbianas sufran estas enfermedades en mucha mayor medida que las mujeres heterosexuales y de que éstas no sean adecuadamente prevenidas ni combatidas. Las pautas claramente patriarcales y heterosexistas que imperan en la medicina tienen la culpa. Lo dicho hasta ahora es la cara negativa de la vejez de las lesbianas, pero no es la única cara. Según los escasos estudios publicados sobre el tema, las lesbianas viven su vejez en mejores condiciones que los gays y, casi siempre en mejores condiciones también que las mujeres heterosexuales a quienes sus matrimonios impidieron crear o conservar fuertes vínculos con otras mujeres. Respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, las lesbianas tienen la enorme ventaja de que la cultura femenina no ha instaurado la juventud ni la belleza física como valor supremo por el que regirse en sus relaciones con los demás; las mujeres no están socializadas para primar esos factores sobre otros a la hora de buscar pareja o de enamorarse.
No es que las lesbianas no quieran ser también valorizadas y apreciadas por una mirada de deseo; es sólo que la mirada que las lesbianas desean sobre sí, la mirada de otra mujer, será como la mirada que las mujeres heterosexuales dedican a los hombres a los que desean y a los que aman, una mirada que valorará otros aspectos de la personalidad que no los puramente físicos. Las lesbianas, al fin y al cabo, han sido socializadas como todas las mujeres y como ellas aprendemos a mirar y a desear. Esto hace que las mujeres lesbianas puedan enamorarse, encontrar pareja y ser deseadas por otras mujeres hasta edades en las que los gays hace tiempo que dejaron de contar. No es infrecuente que en los grupos de lesbianas existan parejas formadas por mujeres mayores que conviven con mujeres mucho más jóvenes y la discriminación por edad no se produce apenas, al menos no por el momento, en los grupos de lesbianas, donde conviven sin demasiados problemas mujeres de todas las edades. No es infrecuente tampoco que mujeres que pertenecen a diferentes grupos generacionales establezcan fuertes, estrechos y duraderos vínculos de amistad. Amistades femeninas que incluyen el cuidado, la intimidad y la cercanía emocional, lo que, indudablemente, es un factor muy positivo en un momento de la vida en el que está sociedad volcada a la juventud abandona a sus mayores en la soledad y el desamparo.
Las lesbianas no se sienten solas tan a menudo y disponen de más recursos que los gays para vivir esos años. Además, no hay que olvidar que las mujeres viven más que los hombres, por lo que las lesbianas pueden vivir con su pareja y con sus amigas de siempre hasta edades muy avanzadas, hasta edades en las que las mujeres heterosexuales se han quedado viudas y los gays han perdido a su pareja y a sus pares de edad. Por otra parte, la famosa invisibilidad de las lesbianas, que persigue y acompaña a las lesbianas durante toda su vida, puede llegar a convertirse en el factor que permita que dos mujeres vivan juntas en su casa o en una residencia, o que se visiten unas a otras, o que duerman unas en casa de las otras, o que viajen juntas, sin ser por eso sometidas a presión de ningún tipo, y eso en un momento de la vida en que se es especialmente vulnerable a la presión del entorno. Otro factor que incide favorablemente en la calidad de vida de las lesbianas ancianas es que, a lo largo de su vida, las lesbianas, como las mujeres en general, han protegido y cuidado sus vínculos familiares en mayor medida que los gays y en mayor medida también que los hombres heterosexuales, por lo que la soledad y el aislamiento no les afecta de la misma manera. En los últimos años, además, muchas lesbianas están teniendo o adoptando hijos con los que mantendrán relaciones muy cercanas que se mantendrán fuertes en esos años. Todo lo dicho no obsta para que, en los años que vienen no tengamos las personas que trabajamos en contra de la discriminación y de la marginación a que esta sociedad somete a lesbianas y gays, que ocuparnos de la calidad de vida de las lesbianas ancianas, de las nuevas discriminaciones y de las antiguas, de sus necesidades, de sus deseos, de valorar sus vidas, transcurridas en una época en la que ser lesbiana y vivir como tal era algo muy diferente de que lo es ahora; tendremos que escucharlas para que nos enseñen lo que saben, aprender de ellas, mirarnos en ellas, para poder finalmente llegar a ser como ellas. Las lesbianas tendremos que resistirnos a dejarnos llevar por la marea de una sociedad y de una cultura que desprecia e ignora a sus mayores, simplemente porque ese trato es injusto, pero sobre todo porque es suicida: viejas vamos a ser todas.
Lo poco que se sabe sobre este tema parece sugerir que, llegadas a la vejez y paradojicamente, las lesbianas pueden vivir una vida en la que disfruten, en algunos aspectos, de una mayor calidad de vida con respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, aunque también señalan la existencia de discriminaciones específicas que hay que conocer y combatir. El problema de la vejez afecta especialmente a las mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Al ocupar en esta cultura todavía un lugar eminentemente sexual y reproductor, las mujeres, a lo largo de la historia, sufren de una aun mayor desvalorización en el momento de la menopausia cuando su papel como reproductoras desaparece y su papel sexual, de una manera simbólica también. No son pocas las mujeres heterosexuales que han relatado que llega una edad en la que sienten que se vuelven "invisibles". En la cultura occidental patriarcal "las brujas" son las ancianas sabias, aquellas que, lejos ya de los imperativos biológicos, se atreven a desafiar los mandatos de su género adquiriendo y transmitiendo conocimientos. Puestas en el lugar al que se dirige la mirada masculina, las mujeres que dependen de esa mirada son las que se sienten "invisibles" y son las que se agrandan y achican los pechos, las que se estiran las arrugas, se quitan la celulitis y las que se angustian cuando esa mirada, que las ha acompañado a lo largo de su vida, valorizándolas, desaparece. En relación a la edad, a la vejez, y con la ventaja anteriormente mencionada sobre las mujeres heterosexuales, las lesbianas se encuentran, como hemos dicho, en una situación un tanto paradójica.
Como lesbianas comparten con los gays todas las discriminaciones que una sociedad homófoba ejerce sobre las personas con una orientación sexual distinta a la de la mayoría: La pobreza, la falta de recursos, la invisibilidad, la discriminación en las instituciones, el heterosexismo dominante, se ceban en los viejos y de éstos siempre en los más débiles, en los más vulnerables, en este caso en aquellos con una orientación sexual homosexual. Pero más vulnerables que los varones más débiles son siempre las mujeres que, aun compartiendo con los ancianos gays muchos o todos de los problemas mencionados, sufrirán, además, una discriminación añadida a su orientación sexual por el hecho de ser mujeres. La pobreza, por ejemplo, que es uno de los problemas más acuciantes para todos los ancianos afecta en proporción mucho mayor a las mujeres que a los hombres, y entre aquellas también a las lesbianas. Los problemas de salud son una de las mayores preocupaciones de las personas mayores en todas las sociedades. Unos servicios de salud no preparados para asumir la homosexualidad de sus clientes pueden provocar la desconfianza de éstos y, debido a este problema, tratamientos erróneos o ineficaces o incluso desprotección frente a las enfermedades.
En su vejez, las lesbianas pueden estar necesitadas de atención sanitaria en mayor aun medida que los gays. Si durante toda su vida las mujeres tienen que prestar una atención especial a las enfermedades relacionadas con la ginecología, en la ancianidad esta necesidad es aun mayor. Pero al estar la medicina ginecológica relacionada con la vida sexual y reproductiva de las mujeres, es un sector de la medicina que está especialmente afectado por los prejuicios y por el sesgo patriarcal que todavía rige todo lo que se refiere a la sexualidad femenina. Así, si la presunción de heterosexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida de las lesbianas, aun más enraízada lo está medicina ginecológica que en España continúa indefectiblemente identificando sexualidad con sexualidad heterosexual y aun ésta con penetración. Cuando los ginecólogos preguntan a una paciente si mantiene relaciones sexuales, lo que la están preguntando es si es penetrada habitualmente, pregunta esta que confunde y enmudece a muchas lesbianas. La presunción de heterosexualidad es un factor decisivo en la incomodidad que las mujeres lesbianas declaran sentir ante el ginecólogo que, además, realiza las exploraciones sin ningún cuidado ni delicadeza.
Las lesbianas han declarado en todos las encuestas que se han hecho (en EE.UU por supuesto) que se sienten maltratadas y muchas veces humilladas por los ginecólogos, en quienes no pueden confiar para contarles sus problemas de salud. Esta reticiencia para acudir al especialista es lo que ha convertido el lesbianismo en un factor de riesgo frente a determinadas enfermedades de origen ginecológico, como el cáncer de mama o de cuello de útero, o de ovarios. Esa es la razón principal, hay otras de menor importancia, de que las lesbianas sufran estas enfermedades en mucha mayor medida que las mujeres heterosexuales y de que éstas no sean adecuadamente prevenidas ni combatidas. Las pautas claramente patriarcales y heterosexistas que imperan en la medicina tienen la culpa. Lo dicho hasta ahora es la cara negativa de la vejez de las lesbianas, pero no es la única cara. Según los escasos estudios publicados sobre el tema, las lesbianas viven su vejez en mejores condiciones que los gays y, casi siempre en mejores condiciones también que las mujeres heterosexuales a quienes sus matrimonios impidieron crear o conservar fuertes vínculos con otras mujeres. Respecto a los gays y a las mujeres heterosexuales, las lesbianas tienen la enorme ventaja de que la cultura femenina no ha instaurado la juventud ni la belleza física como valor supremo por el que regirse en sus relaciones con los demás; las mujeres no están socializadas para primar esos factores sobre otros a la hora de buscar pareja o de enamorarse.
No es que las lesbianas no quieran ser también valorizadas y apreciadas por una mirada de deseo; es sólo que la mirada que las lesbianas desean sobre sí, la mirada de otra mujer, será como la mirada que las mujeres heterosexuales dedican a los hombres a los que desean y a los que aman, una mirada que valorará otros aspectos de la personalidad que no los puramente físicos. Las lesbianas, al fin y al cabo, han sido socializadas como todas las mujeres y como ellas aprendemos a mirar y a desear. Esto hace que las mujeres lesbianas puedan enamorarse, encontrar pareja y ser deseadas por otras mujeres hasta edades en las que los gays hace tiempo que dejaron de contar. No es infrecuente que en los grupos de lesbianas existan parejas formadas por mujeres mayores que conviven con mujeres mucho más jóvenes y la discriminación por edad no se produce apenas, al menos no por el momento, en los grupos de lesbianas, donde conviven sin demasiados problemas mujeres de todas las edades. No es infrecuente tampoco que mujeres que pertenecen a diferentes grupos generacionales establezcan fuertes, estrechos y duraderos vínculos de amistad. Amistades femeninas que incluyen el cuidado, la intimidad y la cercanía emocional, lo que, indudablemente, es un factor muy positivo en un momento de la vida en el que está sociedad volcada a la juventud abandona a sus mayores en la soledad y el desamparo.
Las lesbianas no se sienten solas tan a menudo y disponen de más recursos que los gays para vivir esos años. Además, no hay que olvidar que las mujeres viven más que los hombres, por lo que las lesbianas pueden vivir con su pareja y con sus amigas de siempre hasta edades muy avanzadas, hasta edades en las que las mujeres heterosexuales se han quedado viudas y los gays han perdido a su pareja y a sus pares de edad. Por otra parte, la famosa invisibilidad de las lesbianas, que persigue y acompaña a las lesbianas durante toda su vida, puede llegar a convertirse en el factor que permita que dos mujeres vivan juntas en su casa o en una residencia, o que se visiten unas a otras, o que duerman unas en casa de las otras, o que viajen juntas, sin ser por eso sometidas a presión de ningún tipo, y eso en un momento de la vida en que se es especialmente vulnerable a la presión del entorno. Otro factor que incide favorablemente en la calidad de vida de las lesbianas ancianas es que, a lo largo de su vida, las lesbianas, como las mujeres en general, han protegido y cuidado sus vínculos familiares en mayor medida que los gays y en mayor medida también que los hombres heterosexuales, por lo que la soledad y el aislamiento no les afecta de la misma manera. En los últimos años, además, muchas lesbianas están teniendo o adoptando hijos con los que mantendrán relaciones muy cercanas que se mantendrán fuertes en esos años. Todo lo dicho no obsta para que, en los años que vienen no tengamos las personas que trabajamos en contra de la discriminación y de la marginación a que esta sociedad somete a lesbianas y gays, que ocuparnos de la calidad de vida de las lesbianas ancianas, de las nuevas discriminaciones y de las antiguas, de sus necesidades, de sus deseos, de valorar sus vidas, transcurridas en una época en la que ser lesbiana y vivir como tal era algo muy diferente de que lo es ahora; tendremos que escucharlas para que nos enseñen lo que saben, aprender de ellas, mirarnos en ellas, para poder finalmente llegar a ser como ellas. Las lesbianas tendremos que resistirnos a dejarnos llevar por la marea de una sociedad y de una cultura que desprecia e ignora a sus mayores, simplemente porque ese trato es injusto, pero sobre todo porque es suicida: viejas vamos a ser todas.
Tomado de: http://www.sombras.cl a quienes agradecemos.
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Salud Sexual Entre Lesbianas, el condiloma y otras enfermedades. ¿Cómo prevenir?
Casi siempre es creído que las enfermedades transmisión sexual no afectan a las lesbianas, pero aún cuando es menos frecuente siempre existe la posibilidad de algún contagio, siendo el Condiloma una de las enfermedades que con más frecuencia se presenta entre las lesbianas.
¿Qué es el Condiloma?
Es una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes producida por el Virus del Papiloma Humano (VPH).
Afecta principalmente la mucosa genital y se caracteriza por verrugosidades que tienden a crecer y desaparecer.
¿Qué apariencia tienen las verrugas genitales? Es una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes producida por el Virus del Papiloma Humano (VPH).
Afecta principalmente la mucosa genital y se caracteriza por verrugosidades que tienden a crecer y desaparecer.
¿Qué apariencia tienen las verrugas genitales?
Son de color rosa claro o bien del color de la piel, éstas pueden ser protuberantes, puntiagudas o redondas. Esta variedad generalmente crece en racimos que uno puede detectar con facilidad. Dicha enfermedad está fuertemente asociada al cáncer del cuello del útero.
El contagio es a través de contactos íntimos tanto directos con la verruga como a través de la secreción vaginal. El sexo oral puede originar condilomas en la garganta. El contagio también se transmite a través de las toallas y los dedos. Las verrugas no aparecen sino hasta 3 y 8 semanas después del momento del contagio, pero también puedes portar el virus durante años sin percatarte de nada.
CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS:
Los condilomas son formaciones agrupadas en el área genitoanal húmeda. No todos los condilomas son visibles, pero casi siempre los síntomas son los mismos. · Tienden a aparecer en áreas que son traumatizadas durante las relaciones sexuales (en la mujer labios de la vulva, vagina y cuello del útero) · Se observan lesiones en piel y mucosas. Pueden notar picor e irritación y en algunos casos puede aparecer pus y pequeñas hemorragias. · Las verrugas pueden no apreciarse a simple vista, entonces se conoce como condilomas planos o lisos. Sólo pueden detectarse con una exploración médica.
La infección por Virus de Papiloma Humano se identifica mediante la prueba de PAPANICOLAU.
Cada vez que tienes sexo sin protección te expones a contraer desde infecciones urinarias hasta el virus VIH / SIDA. Las parejas estables son seguras sólo cuando han pasado por un examen para detectar las ETS y el VIH. Hasta entonces, es bueno reducir riesgos y practicar el sexo seguro
La sangre y el flujo vaginal permiten la transmisión de infecciones y el contagio de ETS, por lo que evitar el contacto con ellos previene la transmisión y contagio. Es por ello que el sexo oral sin protección y compartir juguetes sexuales son métodos potenciales de transmisión.
¿Cómo protegerse?
Lamentablemente en Chile no existen ni desde el Estado ni de la empresa farmacéutica insumos para la prevención de enfermedades de Transmisión Sexual entre las mujeres lesbianas. Existen muchas cantidades de condones masculinos, e incluso son de distribución gratuita en todos los consultorios del país, pero no existen ni barreras de látex ni condones femeninos. Sin embargo existen formas artesanales de protegerse.
Para protegerte puedes utilizar un condón cortado (procura que no lleve lubricante por su desagradable sabor) y ponerlo en el sexo de tu amante. En vez de un condón también puedes utilizar un trozo de plástico fino para envolver alimentos, que sean de buena calidad para asegurar que servirán o utilizar protectores dentales como Dental Dam (barrera de látex que se vende para dentistas)
En la penetración, puedes usar un guante de látex muy fino (los venden en farmacias), preservativos o cobertores de dedos de látex para la penetración manual pueden proteger contra la transmisión de enfermedades a través de heridas en los dedos.
Si compartes juguetes sexuales, ponles un condón y cámbialo cuando los pases de la una a la otra. Limpia el objeto (vibrador o consolador) con agua caliente y jabón o desinfectante diluido antes y después de ser usado por cada miembro de la pareja.
En la masturbación mutua, durante la regla puedes utilizar también una barrera de plástico o ponerte un guante de látex si te quieres sentir más segura.
En el frote de sexo con sexo puedes usar también una barrera de plástico o látex
En las prácticas sadomasoquistas sólo hay riesgo intercambiando los objetos cuando hay sangre que pueda entrar en el cuerpo de la otra.
Besos apasionados, Masajes, Abrazos, Frotarse, Baños conjuntos, Chupar los pechos, etc., son practicas seguras.
Recuerda el riesgo de la práctica aumenta durante la menstruación. Hay muchas enfermedades que puedes contraer si no te cuidas. Algunas de las ETS son el condiloma, las ladillas, la gonorrea. No olvidemos que La vaginitis bacterial (fiebre de heno) es la más común entre lesbianas y usualmente se contagia una y otra vez entre la pareja.
Agradecemos su colaboración.
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